Opinión

Bancos suizos, dólar y Dios

Darío Epstein

INFOBAE

Mi amigo Mario Z me contaba que su padre le decía que confiaba en tres cosas: Dios, los bancos suizos y el dólar, en ese orden. Luego de varias décadas, los bancos suizos ya no son lo que eran: el secreto dejó de ser negocio y ahora competirán como todas las bancas del mundo.

¿Y qué pasará con el dólar, otra de las patas de este trípode de confianza? Veamos lo que surge de la campaña electoral en Estados Unidos. En mayo de 2016, el candidato a presidente de los Estados Unidos Donald Trump dijo durante una entrevista en la cadena de noticias CNBC que, si llegaba a la presidencia reestructuraría la abultada deuda de su país. El mundo financiero, alarmado por sus dichos, comenzó a especular con una posible crisis con la deuda pública norteamericana, aun sabiendo que las elecciones presidenciales se encontraban a seis meses y que Trump todavía no se había convertido en el nominado por el Partido Republicano.

Presionado por sus asesores, días más tarde, el magnate aclaró que no necesariamente iba a reestructurar la deuda norteamericana, sino que, en un hipotético caso de que la Reserva Federal subiera las tasas de intereses, pediría al Tesoro que recomprara deuda en circulación a precios descontados para reducir el «alarmante nivel de exposición al mercado de capitales».

¿Y si Trump no se equivoca? Miremos algunos números.

Desde 1791, cuando George Washington endeudó al país por primera vez, hasta enero de 2009, cuando George W. Bush abandonó la Casa Blanca, la deuda pública norteamericana sumaba 10,1 billones de dólares (10,1 trillones de dólares en sistema numérico de los Estados Unidos). Sin embargo, desde que el actual presidente Barack Obama asumió hasta el día de la fecha, la deuda pública en circulación se duplicó y hoy se encuentra en 19 billones de dólares (19 trillones de dólares) o 104% del PBI (Fuente: tradingeconomics.com).

El 6 de agosto de 2011, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s redujo por primera vez en la historia la calificación de la deuda norteamericana de AAA a AA+, al citar preocupaciones con el manejo que el presidente Obama le estaba dando a la deuda pública de su país.

Pero la historia no se termina aquí. Existe un número que nadie nos cuenta. Una cifra más alarmante que el total de la deuda pública norteamericana recién mencionada. Una cantidad de pasivos que Trump incorpora a su preocupación por el futuro de los Estados Unidos. Los llamados unfunded liabilities, ‘pasivos no fondeados’, se elevan a 104 billones de dólares (104 trillones de dólares) que, tarde o temprano, el Gobierno de los Estados Unidos deberá financiar (Fuente: usdebtclock.org). Los pasivos no fondeados incluyen el sistema de pensiones de los jubilados norteamericanos (pagados por la Administración Nacional de la Seguridad Social de aquel país), los gastos corrientes del sistema de salud estatal (el PAMI norteamericano), los beneficios a los veteranos de guerra y, obviamente, la deuda pública ya mencionada.

Para poner en contexto esta cifra, el PBI norteamericano es de 17,9 billones de dólares y las deudas totales acumuladas por el Estado se elevan a 104 billones de dólares. Y el mundo sólo ve la deuda pública de 19 billones de dólares.

¿Y si Trump tiene razón y el próximo gobierno debe realizar una compleja administración de pasivos para evitar que en un futuro se vuelva inmanejable?

 El Congreso de los Estados Unidos estima que el costo anual de cumplir con las obligaciones financieras se elevará del actual 226.000 millones de dólares a 839.000 millones de dólares en 2026. Esto es, los intereses que paga Estados Unidos cada año por la deuda pública en circulación se elevarían del 1,5% del PBI al 3,6% del PBI proyectado a 10 años (Fuente: Schwab). Por este motivo, Trump quiere comenzar a retirar deuda en circulación.

Debemos recordar que la Reserva Federal maneja la política monetaria de los Estados Unidos y el Congreso establece la política fiscal. Es decir, Janet Yellen y el resto de los gobernadores de la Fed están más preocupados por mantener el valor de la moneda norteamericana que por evitar una crisis por el mal manejo de la deuda.

Estados Unidos no puede continuar por este sendero de duplicar su deuda en circulación cada ocho años y exponerse a que el mercado ponga en jaque su economía. Estados Unidos no va a defaultear su deuda por el simple motivo de que está denominada en su propia moneda y, antes de caer en cesación de pagos, imprimiría billetes. ¿Y si esto pasara? ¿Qué sería del dólar? Algunos países ya experimentaron el efecto de imprimir deuda sin respaldo en forma ilimitada.

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