Opinión

Bad Bunny y la Resurrección

Bad Bunny estrenó su hit “Estamos Bien” en julio de este año. La canción alcanzó el número 9 de la lista de Hot Latin Songs. Su popularidad explica, en parte, la nominación del artista para cinco premios en el concurso de música latina que tendrá lugar hoy. Lo llevó a debutar en el programa “Don Francisco te Invita” en marzo y en el “Tonight Show” hace un mes. Hoy, Bad Bunny es objeto de crítica y defensa por múltiples personalidades en el mundo de la farándula, de la academia, y del gobierno. Ha formado parte de un debate público sobre la educación en Puerto Rico. ¿Qué tiene Bad Bunny que lo ha vuelto un pararrayos controversial?

 

Bad Bunny nos lleva a la niñez y a un pasado remoto. Evoca el pasado de un niño que se viste de conejo para celebrar la Pascua donde se conmemora la resurrección de Cristo. Pero este conejo, nos dice Bad Bunny, se volvió “malo,” o tal vez ya era “malo” y lo escondía.

“Estamos bien” nos regresa a ese tiempo remoto del niño “malo” que se viste de conejo “bueno,” del adolescente que confronta su mortalidad: la vida que no tiene repetición, el “si mañana me muero”. Frente a la dura realidad, Bad Bunny nos recuerda la ecolalia del “baby talk”, la expresión monosilábica del “hey”, “he”, de la “-ú”, y la bendición de la madre. Frente a la crisis actual, Bad Bunny invita a otros a expresarse en vez de esperar a que vuelva “la luz”. Bad Bunny echa mano de su disfraz de adolescente profano y repite estoicamente “tamos bien”.

Desde esta perspectiva, la canción es un ejemplo de un tipo de arte que desinhibe, que pone al artista en contacto con sus impulsos básicos, instintos que lo torturan con la culpa pero que también lo hacen gozar. Son los impulsos que volvemos a sentir aún en medio de las pérdidas que nos rodean. Se trata de la pasión, del deseo y del placer imposible, que sentimos en medio del camino de la vida y que nuestros artistas, pero también nuestras tradiciones religiosas, transforman en relatos, en rituales, y a veces en un canto responsorial como “tamos bien”.

El arte (como la religión) les da expresión a los impulsos más básicos de nuestra vida encarnada. Transforma los instintos que amenazan con gobernarnos. Les da una forma externa, a veces estética, y nos devuelve cierta medida de control. Pero el arte también es una forma profunda de perdón. No se trata del perdón del ser superior que después de juzgarnos encuentra que no somos malos. Se trata del perdón de eso que todos llevamos dentro en nuestro fondo, hasta el punto que podemos reintegrarlo y transformarlo en algo que resulta verdadero para nosotros.

Tal vez sin proponérselo, Bad Bunny nos lleva en ese viaje secular que promete serenar nuestro coraje frente a la crisis y reorientarlo hacia un renacimiento.

 

Fuente: El Nuevo Día .Com