Opinión

Ay Leandro…

María Cristina Menéndez Neale

Cristimenendez85@gmail.com

@CristiMenendezN

En una noche muy calurosa y húmeda, Leandro, quien está acostado bajo las sábanas de su cama, fija su mirada en el inerte ventilador que está pegado al techo. Lo observa, lo ignora, lo vuelve a observar, y lo vuelve a ignorar. A patadas se quita las sábanas de encima, exponiendo su cuerpo, el cual lleva solo unos calzoncillos rojos, estirados y rotos, a un espacio sin aire.

Varias gotas de sudor, que la noche exprime de su cuerpo, recorren por su calva cabeza, por sus largos bigotes y su enredado bello creciente en el pecho y piernas. Leandro no puede más con la humedad y el calor, por lo que se sienta en el borde de la cama, toma una revista que está sobre su velador, y empieza a ventilarse con ésta. Sin obtener mucho resultado, decide tomar una botella de agua que también está sobre su velador, y se la apoya sobre su cuerpo, refrescándose varias partes de éste.

Leandro decide acostarse de nuevo, esta vez con su cuerpo mojado pero por el sudor frío y refrescante de la botella. Se coloca de nuevo las sábanas sobre él y trata de conciliar el sueño; el cual no consigue, porque aquella sensación de frescura se pierde en pocos minutos. Leandro dirige su mirada al ventilador, luego lo ignora, y en segundos lo vuelve a ver. Se levanta de la cama y se dirige al interruptor que está junto a la puerta de su habitación. Aplasta un botón y prende la luz del cuarto, luego, coloca su dedo sobre otro botón, que pertenece al ventilador y  lo gira al nivel dos. Vuelve a aplastar el primer botón y apaga la luz.

Acostado bajo las sábanas de la cama, está esperando a que el cansancio termine de sellar sus párpados. Sobre él, está el ventilador de tres alas dando vueltas en el nivel dos. La velocidad con que giran sus alas, empieza a incrementar, y el ventilador comienza a tambalear, formando pequeñas grietas en el techo, de las cuales caen pedacitos de pintura y cemento, dejando ver el cable al que está atado, del cual se suelta y cae en el aire, cuyas alas lo hacen volar de derecha a izquierda, e izquierda a derecha, a una altura muy baja, casi al ras de la cama.

Leandro quiere salir corriendo, pero no puede, se mantiene quieto esperando a que la suerte se ampare de él. El ventilador desciende más su vuelo y sus alas empiezan a alcanzar el lado de la cama donde él está acostado; cierra los ojos y grita. En segundos, los abre, sigue gritando, y se levanta de la cintura para arriba, con su respiración agitada. Era una pesadilla.

Sale de la cama, pateando las sábanas que se enredan entre sus piernas. Se acerca al interruptor. La luz del ventilador se enciende, alumbrando sus tres alas que giran sin parar. Leandro inspecciona la parte del techo donde está colgado. Nota que está bien pegado. Apaga la luz y se dirige a la cama para acostarse de nuevo.

Leandro está comenzando a quedarse dormido, pero su cuerpo salta un poco, y de inmediato fija su mirada en el ventilador, el cual sigue girando al ritmo normal del nivel dos. Se tranquiliza, y de nuevo esta apunto de dormirse, pero su cuerpo lo hace saltar de nuevo, y su mirada vuelve a fijarse en el ventilador que solo hace su trabajo de ventilar.

Leandro, se sienta sobre el filo de la cama, abre la botella de agua y toma del pico. La cierra, la deja y se vuelve a acostar para tratar de caer en un sueño profundo, pero esta vez su cuerpo salta porque escucha un ruido fuerte. El ventilador se afloja del techo, dejando ver unos cables azules que lo sujetan. Un ratón sale del agujero por donde están los cables, y empieza a morderlos como un desquiciado. <<¿Estará con rabia?>> se pregunta Leandro, quien trata de salir de la cama, pero se siente atrapado, está tan sudado que se ha quedado pegado a la sábana del colchón. El ratón termina de cortar los cables y se bota junto al ventilador que está por caer sobre Leandro, que logra salir de la cama, tirándose al suelo.

El sonido de un martillo retumba dentro de su cabeza; fue el golpe que se dio en la cabeza contra el suelo. Empieza a arrastrarse por el suelo hasta el interruptor, se levanta, lo prende, y ve al ventilador pegado al techo, girando en el nivel dos. Tuvo otra pesadilla.

Leandro, decide apagar el ventilador, toma su almohada y jala las sábanas de su cama. Se acuesta en el suelo, el cual descubrió que es frío cuando cayó, y se acurruca ahí hasta caer en un sueño profundo, que esta vez si logra.

A la mañana siguiente, Leandro despierta y sonríe por haber logrado dormir sin calor, a pesar del dolor de espalda que el suelo le provocó. Fija su mirada en el inerte ventilador que tanto le asustó la noche anterior. Lo ignora y vuelve a cerrar sus ojos para ver si duerme un poquito más, pero empieza a sentir un ligero cosquilleo entre sus pies. Un cosquilleo que ahora se encuentra dentro de sus calzoncillos rojos, estirados y rotos. Se quita a patadas la sábana de encima, se abre uno de los huecos de su calzoncillo y ve a un ratoncito, el mismo que apareció en su pesadilla. Se lo saca de un manotón y sale corriendo, dejando a aquel desquiciado ratón y al pobre ventilador ignorados en su habitación.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor