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Avistamientos de perros ferales en áreas protegidas: ¿Qué amenaza traen consigo?

Se reconoce con el término “feral”, a los perros que han crecido en entornos silvestres, han experimentado muy poco o inexistente contacto con humanos y viven jaurías formadas por canes de similar tipo. Son animales feroces debido a que, a diferencia del perro domesticado, son enteramente salvajes y se alimentan por medio de la caza.

Esta clase de jaurías salvajes se han vuelto relevantes actualmente por haber sido avistadas en parques y áreas protegidas como el monte Cerro Blanco. Además de representar un peligro para el humano que se encuentre con ellos, también son considerados como invasores de ecosistemas, dado que su presencia también representa un riesgo total para especies endémicas, como monos, iguanas, osos perezosos, entre otros.

“Hay avistamientos en áreas protegidas donde afectan enormemente las poblaciones de fauna silvestre ya que ellos no son un depredador común. Ellos están completamente fuera de lo que es la distribución natural de la fauna presente. Cazan presas que le corresponde a otros depredadores y, por lo tanto, disminuyen poblaciones de ciertos animales, afectando el equilibrio natural del ecosistema”, relata la Dra. Grecia Robles, médico veterinaria de fauna silvestre del Parque Histórico.

El hecho de que no existe un factor determinante para diferenciar a simple vista a un perro feral y a uno domesticado sienta los precedentes para que muchos humanos no tomen medidas de precaución al hallarse cerca de estas jaurías en excursiones a bosques y se susciten ataques que podrían llegar hasta a ser mortales. “Sería normal que si se encuentran en mayor cantidad y tienen un encuentro con un humano se de el caso”, menciona la Dra. Robles.

Este es un problema que se da principalmente en zonas que tienen una gran población de perros callejeros y se encuentran cerca de bosques o cerros, o por otro lado, en terrenos campestres. Lo más recomendable es tomar absoluta preocupación al adentrarse en zonas donde han sido avistados y no buscarlos bajo ningún concepto. Una adecuada regulación de la tenencia de mascotas, con el fin de que no se incremente la población de perros sin hogar es la clave para aminorar este problema que se posiciona como una amenaza inminente para la biodiversidad y para la seguridad del humano.

Daniel Tristancho / Guayaquil