Opinión

Autoridad, volquetes y vía

Jorge Gallardo Moscoso/Guayaquil

 

Conducir por la carretera que empata las minas de Zamora (Zamora Chinchipe) y las procesadoras de material mineralizado en Portovelo (El Oro), alrededor de 175 kilómetros, es una verdadera odisea debido a la cantidad de baches pequeños y gigantes, más la destrucción general de la calzada, causada principalmente por la circulación de volquetes llenos de piedra, arena, ripio, grava, arcilla, asfalto y todo tipo de concentrado; circulación que, debe decirse, se cumple sin ningún control, con control de vista gorda o con mínimo control para guardar las apariencias, por parte del ministerio de Transporte y Obras Públicas, responsable del uso correcto de la red vial estatal; de la Policía Nacional, encargada de la seguridad vial y de la revisión de documentos; de la Agencia Nacional de Tránsito (ANT), que regula y planifica las políticas de transporte y otorga los títulos habilitantes para la carga pesada; de la Comisión de Tránsito del Ecuador, que supervigila el cumplimiento de la ley; y, los municipios que controlan el tránsito y expiden ordenanzas sobre la movilización por zonas urbanas o caminos de la jurisdicción cantonal.

Entre Saracay y Portovelo, en El Oro, trayecto de unos 41 kilómetros, se estima que diariamente en tiempo de verano ruedan 250 volquetes, lo que significa 7.500 al mes y 90.000 al año; mientras en la estación invernal son 120 volquetes diarios, 3.600 al mes y 43.200 al año. ¿Cuál es el estado de esa vía? Desastroso, terriblemente peligroso, parecido a un terreno golpeado por una erupción volcánica, que obliga a no solamente a esquivar los huecos y no sufrir ningún accidente, sino muchas veces al terror existente de rebasar o ser rebasado por un volquete sin placas (las posteriores, sobre todo), repletos y casi todas las veces superando entre 3 y 7 toneladas el peso legalmente permitido, y, como cereza del pastel, sin lona de protección para impedir el derrame del material. Esto no debería suceder, sin embargo, es imposible no dar por descontado que ocurre a vista y paciencia de la autoridad competente. ¿Cómo extendieron los permisos de circulación? ¿Qué peso arrojan las balanzas de control? ¿Qué señalan las guías de remisión y el certificado de operación regular? ¿Cuántas multas y sanciones se aplican?

De acuerdo con especialistas son tantas las contravenciones cometidas que solo por concepto de multas debería recaudarse unos 18.000 dólares diarios. No obstante, no hay cifras oficiales ni tampoco nombres de personas naturales y jurídicas sancionadas debido “al principio de confidencialidad de datos de la ANT”. En fin, con lo poco o mucho que se recaude ¿dónde está la plata?, porque según la ley el dinero de las multas se destina exclusivamente a la preservación, reparación y mantenimiento de la red vial estatal. En el específico trayecto abordado no existe, a fácil vista, ni un solo centavo ocupado en esos objetivos. Es urgente que se lo haga y se entienda que no todos los que ocupan la vía son concesionarios mineros, dueños y socios de las empresas de transporte; que se entienda que el bien general está por encima del particular; que la vida y seguridad de las personas no tienen precio.