Opinión

Aumento del dólar, el inicio de la verdadera crisis

Uno de los escasos aciertos de la administración anterior fue el manejo del tipo de cambio del dólar, que lo mantuvo en niveles aceptables durante los cuatro años. Bueno, podríamos deducir también que fue parte de sus políticas conformistas y esperando que la nueva administración resolviera estos problemas, algo así como lo que pasó con los desafortunados huecos económicos que nunca se les comunicaron a los nuevos jerarcas, ni a los costarricenses, y hoy son dolor de cabeza para nuestra delicada situación económica.

No quisiéramos ser mal pensados, pero, ¿no será que el Ejecutivo y el Banco Central hacen la vista gorda con este aumento para presionar a la aprobación del paquete de impuestos? Si fuese así, me parece irresponsable y riesgoso desde la perspectiva en que se encuentra nuestro país.

Las consecuencias de esta alteración que ya supera los ¢615 por dólar traerá a las familias de clase media un desgaste considerable y la desaparición de pequeñas empresas que han tenido que endeudarse en esta moneda por los altos costos de los intereses en la moneda local, lo cual vuelve imposible de hacer mes a mes esos pagos elevados.

Aquí es donde salen frases tales como “si ganas en colones, no te endeudes en dólares”, pero cuando aparecen las ofertas de casas en condominios para clase media, así como vehículos, servicios y otros, estas ofertas a vista y paciencia de todos aparecen en dólares. Es más, cuando se visitan los entes financieros, tanto nacionales como transnacionales, ni siquiera dan la opción de obtenerlos en colones, ya que a los oferentes les interesa más el endeudamiento en moneda estadounidense.

Uno de los detonantes en la crisis del 2008 en los Estados Unidos fue precisamente cuando los ciudadanos decidieron entregar al Estado sus bienes por la poca fluidez de capital, lo que podría estar sucediendo en nuestro país próximamente y quiero ver qué harán los bancos con esos bienes deteriorándose y perdiendo valor.

Hagamos el siguiente ejercicio. Un ciudadano compra un carro para ponerlo a trabajar, su cuota cuando lo compró es de $300, a ¢560 por dólar el pago mensual será de ¢168.000. Hoy esa misma cuota a ¢616 por dólar es de ¢184.000. La diferencia representa mucho dinero para una persona que debe mantener la familia y velar por el mantenimiento extra del carro.

Esto en microeconomía. Ahora los préstamos por casas, empresas, pymes, etc., eso representa la desaparición de esas pequeñas empresas y la devolución de esos inmuebles, provocando brecha entre los ricos y convirtiendo la clase media baja en pobres.

¿Qué está haciendo el Banco Central al respecto? Creo que nada. No hay control y todo el ejecutivo está con un solo tema, aprobar a como haya lugar el plan fiscal.

Creo que la población no ha tomado conciencia de lo delicado que es este movimiento a la súper alza del dólar, lo caro que se pondrán los bienes y servicios. Las cuotas de préstamos tanto en colones como en dólares encarecerán la ya costosa vida y para variar serán las clases más vulnerables las grandes perjudicadas.

Más y más malas noticias recibimos todos los días. Maestros en sus casas en las vacahuelgatour, jóvenes y niños que tendrán una laguna educativa que será difícil de rellenar, partidos políticos que se dividen en la Asamblea Legislativa llevando agua a sus molinos y sin pensar de una vez por todas en el bienestar común, el comercio pequeño padeciendo una crisis enorme a la que no se le ve una salida satisfactoria y más bien se le dan más malas noticias sobre una tal factura electrónica de la que Tributación ofrece una pésima campaña de información y más bien es como ¡uyyy, ahí viene el lobo!, ese mismo lobo que es oveja ante la evasión de las grandes empresas.

Nunca, en los 50 años que tiene este servidor, se ha visto tal caos de comunicación, de acuerdos responsables y de solidaridad. Nos hemos convertido en una sociedad del ¡porta mí! y eso es demasiado peligroso. Es decir, somos una bomba de tiempo a punto de estallar, si no es que ya estalló.

Por:La René Barboza C.