Opinión

Atención al cliente

Lic. Denisse Casalí L.

denissecasali@gmail.com

@denissitacl

No importa cuántos edificios adornemos en la ciudad para convertirlos en modernos centros públicos de atención, o cuántas cómodas sillas con televisores HD a la distancia que reproducen algo parecido a un programa de comedia coloquen para hacer “menos larga” la espera de los usuarios, -después de ir cuatro veces al mismo sitio no hay comedia que aguante-. No importa cuántas mujeres de agradable apariencia ubiquemos en ventanilla si a cambio no tienen deseos de atender las consultas o requerimientos de sus usuarios. Esto lo aprendí después de atravesar una no tan plácida aventura en varias visitas al edificio del Gobierno del Litoral.

Fue una tragedia para mí renovar mi residencia y sellarlo en mi nuevo pasaporte, pero mejor comencemos desde el inicio de esta tortura.

A causa de mi trabajo se me dificulta un montón salir a cumplir con todos los trámites que te impone el Ministerio de Relaciones exteriores y todo el tiempo que demanda para poner un simple stickers en ese documento que me permite no ser deportada de un momento a otro. Mi mamá me hizo el favor de acercarse a la ventanilla de información y solicitar todos los requisitos que debía cumplir para iniciar el proceso (ganándole tiempo al tiempo), ella de tanto practicar tiene bien adestrada su paciencia para las deficiencias que se presentan siempre en estos tipos de sistemas.

Yo sé que no hay sitio perfecto donde la atención pública te brinde un servicio de excelencia, mucho menos que salgas con una sonrisa llena de satisfacción y si existe ese lugar no creo que esté echando raíces en nuestro territorio nacional. Siento que me afecta el doble cuando sé que toda mi vida he trabajado para brindar servicio e información a otros -difícilmente encontrarás algún cliente mío que se queje porque lo atendí mal o medianamente bien- somos seres humanos y como tal merecemos respeto para atender y así mismo para ser atendidos.

La lista que me dio mi mamá no sirvió de nada, cuando llegué a la ventanilla la persona de falda y pestañas imponentes que me atendió le agregó a pulso y pluma más requisitos al papel, requerimientos que al parecer desconocía la persona de la ventanilla de información. Tarde dos días más en reunir lo que me pidió y al regresar siguieron agregando documentos faltantes junto con el irrespeto permanente por el valioso tiempo del usuario. ¡Fue desgastante!

Cuando finalmente ingresé los documentos y pagué la tasa solicitada, tuve que esperar veinte días que se convirtieron en treinta, como si fuera poco mis documentos se traspapelaron así que invertí tres horas más esperando sentada disfrutando de la aburrida comedia que pasaban por aquellas pantallas mientras me entregaban al fin mis tan anhelados documentos. ¡Fue eterno!

Las críticas de usuarios inconformes deberían ayudar a estos sistemas no sólo a implementar cambios innovadores sino a darles el constante seguimiento/atención que se merecen. Yo recomendaría un curso urgente de calidad y atención al cliente, capacitaciones continuas para que todas las áreas manejen la misma información y nos ahorren tiempo de espera y repetidas visitas que dependen muchas veces de la versión que maneja cada uno. Recordar que somos personas que como ellos trabajamos para llevar el pan a la mesa. Por último pediría que reproduzcan mensajes más significativos y entretenidos a través de esas caras pantallas -sin rayar en el abuso de propaganda- que tienen ahí, a ver si así la espera se vuelve más llevadera.

Las opiniones vertidas en el medio son de responsabilidad del autor.