Opinión

ASÍ NO SE CONSTRUYE UN PAÍS, ASÍ SE DESTRUYE EL MISMO

Mario Vargas Ochoa/Guayaquil

 

Los problemas vigentes pareciera que no se están enfrentando y menos resolviendo para el bien del país y su gente. Las dificultades o graves problemas sufridos se atribuyen todos al pasado, a gobiernos anteriores, pero en el actual nada se hace por resolverlos, al menos todo vemos que nada cambia. Se critica a todas luces desde las alturas a todos quienes piensan diferente, pero no se ha definido dónde residen los serios problemas que vivimos los ciudadanos.

No han acabado de entender los políticos que lo que hoy hacen unos callar o vivir en su zona de confort, podría ser hecho por otros después y ellos ser los blancos de similares consecuencias. El poder es efímero. Así no se construye un país, así se lo destruye. Por ende, si desordena el país y caemos en un estado de anarquía quién pondrá luego orden racional y justa?

Aparentemente se busca destruir una clase política hasta sus cimientos y para ello se persigue destruir el estado de legalidad sin límites ni consecuencias. En una frágil democracia como la nuestra, basta ganar unas elecciones para relegar a esa parte de la clase política sin necesidad de violar la Constitución y las leyes. En Ecuador el problema no es el sistema de legalidad, no es el estado de derecho, el problema en el país es de quienes tratan de actuar por encima de la Constitución y las leyes.

Marchamos por sendas de peligro y profundamente preocupantes para nuestro sistema democrático. Hay destrucciones que no tienen marcha atrás, que no son susceptibles de devolverse después.
Nuestra democracia requiere ajustes, requiere más democracia. No queremos volver a gobiernos anteriores de autoritarismo populistas y menos de absolutismo sino evolucionar hacia estados políticos de mayor decisión compartidas con la sociedad en general.
Paz, legalidad, respeto, orden y progreso es lo que anhelamos los ecuatorianos. Ojalá los más entendidos en este campo o cumplan roles protagónicos y cuya voz es escuchada por la generalidad, dentro de la vida socio- política del país, deseen esgrimir ante el Ejecutivo y la Corte Constitucional, argumentos más democráticos que lo que yo manifiesto al respecto, siendo, como soy, un mero ciudadano, espectador consciente de cuanto ocurre en el amargo campo político que decepciona y tortura al pueblo ecuatoriano.

Que entiendan que se trata de instituciones consustanciales a la vida misma del estado de derecho y que una distorsión constituye en realidad un paso hacia atrás en la historia, que nos aleja del progreso y del futuro, y nos acerca peligrosamente a la anarquía y a la decadencia.

Es posible que muchos estimen inconveniente cuanto dejo expresado, incluso que me censuren, pero es mi fiel punto de vista luego de observar y analizar cuanto ocurre en nuestro todavía rico y siempre golpeado país, por nuestra nefasta clase política que nos ha gobernado por más de cuatro décadas. ¿Realmente necesitamos una tercera vía o qué…?