Internacional

Así funcionaba cárcel de ballenas en Rusia

A partir de mayo se comenzará a poner en libertad a 87 ballenas belugas y 11 orcas que estaban privadas de su libertad en la bahía Srédniaya, en la región de Primorie (Rusia). El centro de reclusión fue puesto en evidencia desde octubre de 2018 y, por cuestiones climáticas, se decidió esperar al verano para anunciar su clausura.

El pasado octubre activistas de Greenpeace advirtieron la existencia de un centro de reclusión poco convencional en Rusia que detonó una ola de protestas en todo el mundo. Cerca de 100 ballenas, entre ellas 87 belugas y 11 orcas, permanecen en pequeños espacios ubicados en medio de la bahía Srédniaya, en la región de Primorie, bajo unas condiciones sanitarias deficientes y sin los estándares necesarios para mantener cetáceos en un buen estado de salud.

El tema no es de poca monta. Rusia es el único país donde estos mamíferos marinos pueden ser capturados en pleno océano con fines «pedagógicos», lo que constituye un vacío jurídico que utilizan los traficantes para vender animales en el extranjero, en particular en China, donde hay una red de parques temáticos. Por eso es un golpe en la mesa el hecho de que, luego de casi medio años de reclamos, el gobierno ruso anunciara la liberación de los animales, que tendrá que llevarse a cabo con mucho cuidado para mantenerlos con vida y que logren adaptarse a la libertad.

La situación no solo llegó a las agendas de los medios sino que se viralizó en la web. De hecho, más de 1,4 millones de personas, entre ellos el actor Leonardo DiCaprio, firmaron una petición en el sitio change.org para pedir la liberación en mar abierto de los animales.

Desde el pasado 20 de febrero, el presidente Vladimir Putin advirtió al fiscal general Yuri Cháika que se garantizara el cumplimiento de la jurisdicción en el tema de las ballenas. Ahora, el ministro ruso de recursos naturales, Dmitri Kobilkin, aseguró: «Hemos dejado atrás el invierno, un periodo de tiempo difícil, cuando soltar a los animales era imposible porque, simplemente, les condenaríamos a muerte. Pero llega el verano y ese trabajo (la liberación de los cetáceos) es algo que se puede y se debe hacer».

Y es que los científicos aseguran que debido al hacinamiento y las malas condiciones sanitarias, los animales recluidos están enfermos, a lo que se suma el hielo y la falta de espacio, motivo por lo que las ballenas sufren de hipotermia. “Suelen hacer hasta 100 kilómetros diarios y ahora están hacinadas en esos corrales diminutos de 10 por 12 metros, lo que dificulta que puedan mantener su temperatura corporal en el agua helada”, denunció en su momento Dmitri Lisistsyn, director de la ONG Sakhalin Environment Watch.

Eso sí, el traslado de los animales no será barato. De hecho, los especialistas advierten que la liberación tiene un precio que asciende hasta 3 millones de rublos (US $46.000) por cada animal, explicaron en el Instituto oceanográfico Vniro de Rusia.

Esta suma incluye los costos del traslado individual de los animales en unos recipientes hechos a medida y el trabajo de un grupo de especialistas que ayudarán a las orcas y ballenas a adaptarse a la vida en la libertad. Es por eso que contarán con la colaboración y mediación de Jean Michel Cousteau, hijo del del famoso explorador francés Jacques-Yves Cousteau. «Liberaremos a todos los animales en su medio natural. Los científicos del equipo Cousteau y expertos rusos determinarán cuándo y qué especies poner en libertad», dijo Oleg Kozhemiako, gobernador de la región de Primorie.

Señaló, además, que la liberación se llevará a cabo entre mayo y junio y que la rehabilitación de los animales correrá por cuenta de un fondo internacional: «Trasladar a los animales a su hábitat natural es un gran gasto, pero, aun así, lo haremos». Por otro lado, el gobernador aseguró que en la bahía donde se encuentran los animales desde mediados del pasado año se crearán condiciones lo más parecidas posibles a su hábitat natural y también se abrirá un centro de rehabilitación para tratar a los cetáceos del mar del Japón.

En el equipo de científicos hay confianza en que el acuerdo suscrito ayudará a que este tipo de situaciones no se vuelvan a presentar. «Los ojos de todo el mundo nos están mirando. Están a la espera de cómo vamos a solucionar esta situación», apuntó Cousteau y reconoció que mantuvo durante varios días consultas con la autoridades locales para determinar cuál era el mejor plan de ruta.

Los especialistas que lo acompañan confirmaron que en la «cárcel de ballenas» se intentó adiestrar a los cetáceos para su posterior venta a acuarios, pero que los cuidadores no les enseñaron nada más que a comer de la mano del ser humano y no llegaron a someterlos a «entrenamiento circense». En su momento, la organización ecologista Greenpeace publicó imágenes de orcas y belugas con sarpullidos, furúnculos, llagas y manchas, que los especialistas atribuyen a infecciones víricas, bacterianas y micóticas.

 

 

 

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