Opinión

Asesinato descontrolado de policías sacude Venezuela

Por Diego Oré y Andrew Cawthorne

@Reuters

El policía venezolano Edgar Pérez, de 41 años, regresó a su casa, en las afueras de Caracas, tras una larga jornada nocturna del que terminaría siendo su último día de servicio.

A pocos metros de su hogar, donde lo esperaban su esposa e hijos, dos ladrones en una moto le cortaron el paso para robarle su arma reglamentaria. Según testigos, Pérez se defendió e hirió gravemente a un delincuente, pero el otro le asestó un disparo en la cabeza que terminó con su vida.

Fue uno de los 268 policías ultimados en Venezuela el año pasado, cuando el asesinato de agentes creció un 25 por ciento respecto al 2013, uno de los peores países para ser policía.

Y en lo que va de este año, 22 policías han sido asesinados, un 30 por ciento más que en el primer mes del año pasado, según la organización de derechos humanos Fundepro.

Las muertes violentas han crecido en Venezuela, pero no en la misma magnitud. La organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia calcula que en el 2014 los asesinatos totales subieron menos del uno por ciento interanual hasta casi 25.000.

El personal reducido, los pocos recursos y la deficiente preparación, además de los altos índices de violencia dejan a las fuerzas de seguridad en una posición muy vulnerable. El policía que gana 7.000 bolívares al mes, unos $38 al tipo de cambio en el mercado paralelo y $1.100 a la tasa oficial más fuerte.

Esos barrios están dominados por temibles bandas en un país que, de acuerdo con Naciones Unidas, se ha convertido en el segundo más violento del mundo ante la facilidad para conseguir armas y un sistema judicial débil que ha permitido la impunidad.

Presionado por sosegar el número de crímenes, el gobierno socialista de Nicolás Maduro estudia reformar el Código Penal.

Además, lanzó el año pasado un plan voluntario de desarme, aunque sólo ha recolectado una porción mínima de las entre 9 y 15 millones de armas que se calcula hay en el país.

El Gobierno no se ha pronunciado sobre el tema y tampoco quiso dar comentarios para esta historia.

Pero hace poco, el coordinador de la comisión presidencial para la transformación del sistema policial, Freddy Bernal, reconoció lo grave de la situación.

En las calles y redes sociales el tema se ha empezado a debatir y enciende opiniones encontradas, probablemente por la corrupción que hay dentro de las fuerzas de seguridad. De sus filas han surgido líderes de bandas de secuestradores y asaltantes.

 La policía es el cuerpo con más bajas, siempre según Fundepro. Pero el año pasado, en la lista de asesinados también figuran 88 militares y 19 escoltas. Y cuatro de cada 10 de esos asesinatos ocurrieron en la Gran Caracas.

Algunas veces, los policías quedan envueltos en un círculo vicioso, aseguran las organizaciones de derechos humanos y ellos mismos. Cuando uno de sus compañeros es asesinado, hay oficiales que toman la justicia en mano propia y luego los criminales vuelven a vengarse.

El problema en Venezuela cobra dimensión cuando se compara con otros países. En Honduras, el país más violento del mundo, se registraron 33 homicidios de policías en 2013, según cifras oficiales.

El homicidio de policías en Venezuela no sólo se ha incrementado en los últimos años, sino que los criminales se han vuelto cada vez más sanguinarios.

En octubre de 2014, por ejemplo, delincuentes atacaron con granadas de guerra la pequeña estación policial de San Mateo al centro del país. Un mes después, una treintena de criminales con armas largas asaltaron un comando policial en Guárico llevándose armas, chalecos antibalas y uniformes del personal policial.

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