Ciencia

Artas, un humanoide anticalvicie

Un ser electrónico inteligente capaz de extraer miles de unidades foliculares con absoluta precisión y sin dejar una sola cicatriz.

ESPAÑA. El robot Artas dispone de un brazo mecánico en cuyo extremo se instalan dos cámaras de televisión de alta definición para recoger toda la información del área dadora -zona de extracción- y transmitirla a un procesador informático que analiza hasta 50 parámetros por segundo, como son el ángulo, la dirección, la profundidad o la densidad de folículos existentes en la nuca.

Pero antes hay que preparar al paciente, que suele ser un hombre calvo o con alopecia incipiente en la parte media o anterior de la cabeza. Es el nexo entre médico y peluquero, ya que el pelo de la nuca se rapa al cero con el método ya tradicional. El doctor López Bran es un virtuoso con la maquinilla eléctrica.
A continuación, se administra anestesia local y se pintan las típicas rayas azules. La nuca se queda pelada. Sin embargo, Artas necesita algo más que un rotulador… se delimite el perímetro de extracción añadiendo un dispositivo repleto de circuitos integrados, con forma de marco de plástico y que tense la piel.

El microinjerto capilar se puede comparar con los ciclos de la siembra para obtener un vegetal o un fruto en cualquier tipo de cultivo: se prepara la semilla, se planta y se sustenta hasta que arraigue y crezca.
La robótica evita que no se pierdan hasta un 40% de los bulbos extraídos de forma manual por manos inexpertas o que se tenga que cortar una pieza de cuero cabelludo en la zona de la nuca, técnica quirúrgica sencilla e indolora, pero algo aparatoso.

“El robot respeta al máximo la zona dadora, un área intransferible y finita de la persona. Preservar el mayor número de unidades foliculares es muy importante. Es el camino directo hacia el triunfo del trasplante capilar”.

La innovación tecnológica no tiene límites, pero los humanos, cualificados para diseñar el cerebro del robot, no muestran la misma habilidad a la hora de extraer bulbos a base de bisturí.

Antes de empezar la intervención, el simulador 3D del robot recoge cinco fotografías de la cabeza del paciente desde diferentes ángulos y proporciona un resultado final virtual. Valora la densidad de la zona receptora -alopecia- y establece el número de injertos, ajustando la inserción del ulterior cabello a la dirección del crecimiento de su raíz. Incluso su software está programado para rechazar bulbos de un solo pelo. (Efe/ La Nación)