Opinión

ARREMETIDA BUROCRÁTICA QUE ESTREMECE AL PAÍS

Dr. Patricio Zuquilanda Duque/Quito

El costo de la mala legislación; la abundancia de disposiciones estatales y locales que se contradicen entre ellas motivó a la OEA a contratar mis servicios para intentar identificar los nudos y destrabar un congreso que detenía el desarrollo de un país en América Latina: al final, desde el mismo órgano legislativo, se impidió el avance de ese trabajo por las mismas razones que sufrimos en buena parte de los países en el Hemisferio.

Hacer buenas leyes es el resultado de procesos muy complejos y, sobre todo, aplicar el conocimiento profundo de muchas ciencias y enorme experiencia. Coincidimos con varias naciones en que los congresistas no pueden ser expertos en todas las materias… todos debemos procurar el sano equilibrio en el papel del Estado; no es responsabilidad aislada: solicitemos asistencia técnica a Estados Unidos, Reino Unido y Finlandia, a fin de estructurar internamente, unidades independientes de investigación y elaboración de proyectos que esos Estados han armado con éxito, para ayudar al cuerpo de legisladores a trabajar con profesionalismo.

¿ES ESA LA SOLUCIÓN?

Sin abandonar la idea de reducir el número de asambleístas, podríamos tomar la sugerencia de Echandía, e imitar el trabajo del Congressional Research Service, Congressional Budget Office y el Parliamentary Office of Science and Technology; entidades imparciales, sin líneas políticas, encargadas de apoyar a los legisladores mediante investigaciones y documentos que hacen accesible el conocimiento científico en temas de todo tipo, a fin de fomentar y elevar el nivel de las leyes para satisfacer necesidades de los ciudadanos.

Intentaríamos en el Parlamento ecuatoriano, organizar algo similar: una entidad donde concentraríamos consejeros, asesores y especialistas; los mismos que ahora trabajan independientemente con los asambleístas, con el propósito de que su tarea sea coordinada y productiva para lograr un verdadero Congreso lleno de información profesional. Su funcionamiento es cuestión de mecánica bien organizada.

Quizá, es hora de modificar la radical petición ciudadana, que nos condujo al entrampamiento de solicitar únicamente reducir burocracia legislativa, cuando sabemos que los diputados van a colocar toda su capacidad de bloqueo para que dicho objetivo nacional no se cumpla. Yo mismo propuse hace varios años, la reducción del 50% de asambleístas, sin advertir que, con esa medida, ahorraríamos dinero, pero no adelantaríamos nada en calidad de las leyes; todo sería igual, Ecuador no ganaría nada.

En cuanto a la Burocracia de carrera, ha sido imposible lograr que maneje datos de fuentes abiertas; conectarla con realidades del mundo actual, someterla a una planificación diferente; principalmente, porque los legisladores le han hecho el juego y han envejecido también junto al exceso de leyes caducas y ortodoxas, las cuales no permiten medir el impacto de sus acciones, en la vida diaria de los ecuatorianos.

El sistema está hecho para proteger la carrera burocrática de manera desorganizada sin que ésta, a su vez, garantice al país que el gasto en su operación se traduzca en beneficios sobresalientes en la ciudadanía. Hay muchos funcionarios incapaces que fueron nombrados hace años por razones políticas; sin credenciales ni trayectoria; muchos de ellos camaleónicos que se reciclan con asombrosa habilidad en distintos gobiernos, desde católicos ultraconservadores a comunistas de camisa bordada.

En cuanto a la Cámara de Senadores; que queda claro, en mi propuesta dije: ésta, debe ser integrada por profesionales altamente calificados, mayores de 50 años, elegidos por el pueblo y uno por provincia. No se trata de masificar el Senado sino de lograr el perfeccionamiento de las leyes que Ecuador requiere.