Opinión

Apuntes sobre la inseguridad

Por Gerardo Maldonado Zeas/ Guayaquil

Ahora el grito de guerra de los candidatos a las alcaldías en el Ecuador es la lucha contra la inseguridad. Pero la gente ya no come cuento; se ha dicho de todo, se han promovido múltiples debates, han aconsejado expertos y facinerosos, pero la situación sigue siendo muy grave en todo el país.

El modelo exitoso más cercano para combatir la inseguridad fue el desarrollado en Medellín-Colombia. En la década de los 80’s e inicios de los 90’s, era una ciudad convulsionada por la mafia narco terrorista manejada por Pablo Escobar; en 1991 se reportaron cerca de 6800 asesinatos, un escalofriante promedio de 567 diarios.

Para quienes implementaron el modelo de combate a la inseguridad, su premisa fue novedosa. No se podía encontrar resultados positivos, si cada núcleo u organización de la sociedad caminaba separada, con intentos particulares para aliviar la inmensa crisis. Así desarrollaron una estrategia de comunicación única: gobierno central, gobiernos seccionales, instituciones públicas y privadas.

De la mano, se implementaron múltiples proyectos sociales de “convivencia”, llegando a los lugares desde donde se generaba el caldo de cultivo de la violencia, una tarea de esfuerzo y esmero ciudadano completamente despolitizada, ajena a los intereses protervos de los corruptos y oportunistas. Dirían los sociólogos: se socializó y humanizó la solución a la crisis.

En ese tiempo, recuerdo, se hablaba de los “software preventivos” con cámaras de video inteligentes, y un horizonte estratégico de dotación de implementos de control, pero también con un reforzamiento de la fuerza pública, dotándole de recursos y capacitación. El componente de apoyo central fue la aplicación de una justicia efectiva, con penas severas para quienes delinquían. A este concepto le llamaron “preparativo judicial”, tan necesario en estos tiempos de disensos y pugnas entre los poderes del Estado, y una crisis manifiesta en todo el ámbito judicial.

Se necesita despojarse de pretensiones particulares, encontrar los líderes ejecutores y no profetizadores, capaces de crear una cultura y un sistema basado en principios. Mientras en Guayaquil, la ciudad más violenta del país, la alcaldesa siga acusando a todos, como excusa de su ineficiencia; mientras las cámaras del 911 vean solamente un espacio reducido de las acciones delincuenciales; cuando existan guardias privados y policías distanciados, en ambos casos en condiciones precarias, los consensos mínimos necesarios para sacar al país de la inseguridad no se generarán, y seguiremos debatiendo de largo, pero lamentándonos siempre.