APOCALIPSIS
Santiago Pérez S./Guayaquil.
De todos los libros de la Biblia, el Apocalipsis, atribuido a San Juan, es el más severo y atemorizante.
No faltaba más; pues se refiere al fin de los tiempos, encabezado por los cuatro siniestros jinetes; el Anticristo, el Hambre, la Pandemia y los Desastres Naturales; como preludio del Armagedón.
Al igual que en el libro del Apocalipsis aparecen una serie de señales y eventos clave, podemos verlas ya en el mundo de hoy; casi exactamente como figuran en el texto Bíblico.
Ya, las buenas costumbres, la moral y la ética, han pasado a ser piezas de museo; de ese museo de los años idos, en los cuales estos valores si importaban. Hoy, la desvergüenza, los alardes de ostentación y riquezas de dudoso origen, son vistos como la genialidad y el éxito. La insistencia mórbida en los placeres carnales y en la humillación a lo legal y formal, ha rebasado todo límite.
Sin ir muy lejos, aquí en Ecuador, vemos abiertamente una abstracción total de los que fueran nuestros valores clásicos. La deshonestidad, la corrupción y la impudicia, llegaron para quedarse. Año a año, la violencia y el desgano nacional, ganan terreno. Año a año, se desvanece nuestra esperanza de volver a ser quienes fuimos; pues al igual que los evangelios de Juan, los signos apocalípticos ya se ven.
El primer Jinete del Apocalipsis ecuatoriano, el Anticristo falaz y destructor, llegó en el 2007 a encumbrarse en el poder. Llegó y se quedó 10 años; en los cuales sembró en nuestra Patria, ingenua y buena, todos los infernales males que hoy sufrimos; violencia, corrupción, narcotráfico, pedofilia, sicariato, secuestro y trata de blancas. Esos fueron su maldito legado de perversión. Hasta hoy, él y sus huestes, se dedican a destruir nuestra identidad, nuestra libertad y nuestro futuro.
Gracias a ello, no hubo que esperar mucho para sufrir la llegada del segundo Jinete apocalíptico; el Hambre. Como nunca, el desempleo, la informalidad y la economía criminal, han incrementado exponencialmente en Ecuador. El hacinamiento en ciudades, se traduce en asentamientos irregulares muy violentos, de miseria extrema e informalidad, sin Dios ni Ley. Los índices de drogadicción, microtráfico, sicariato y misoginia, son inéditos. El involucramiento mayoritario de niños y niñas, en actividades ilícitas, es una constante; haciendo de jovencitos adolescentes, sicarios sanguinarios. Mientras, la prostitución de niñas de edad infantil inclusive, es una realidad lacerante.
Dadas estas condiciones, el tercer Jinete apocalíptico de nuestra sociedad, hace su entrada triunfal. La Pandemia, las enfermedades producto del hacinamiento popular, la falta de ingresos y el abandono de gobernantes y autoridades de salud, nos han llevado a ostentar los índices más bajos de la región, en lo referente a Salud Pública. En Ecuador nos desviven, tanto las pandemias y enfermedades, como la corrupción y el abandono estatal.
Y será la política estatal del abandono, la corrupción y la irresponsabilidad institucional, la ancha avenida por la cual cabalgará el cuarto Jinete de nuestro Apocalipsis; los Desastres Naturales. Todos los años, desbordes de ríos, deslizamientos de tierras, inundaciones, incendios forestales, explosiones volcánicas y sismos, son prácticamente ignorados y desatendidos. Las condiciones de vías y carreteras son deplorables; sin que nadie de cuenta de nuestros dineros, contribuidos a través de elevados impuestos y tasas.
Nuestra infraestructura nacional deja mucho que desear y no se compadece con el esfuerzo de un pueblo mayoritariamente pobre y desatendido. Resulta entonces, que el peor desastre que sufrimos, será el de la corrupción y el enriquecimiento ilícito de nuestros gobernantes, autoridades, jueces y Fuerzas Públicas.
No se ve mejoras de ninguna clase; pues con cada nuevo gobierno, únicamente se cambian los protagonistas y los colores; pero la trágica película de corrupción y violencia, es siempre la misma.
Así, no hay nación ni pueblo que aguante.
