Opinión

AMORES ¡Libertad!

Orlando Amores Terán/Quito

 

 

ES OFENSIVO, ESTÚPIDO, TOMAR EXÁMENES

En EE. UU., a los fiscales federales los designa el presidente de la República. El Contralor es designado por el Congreso, a petición del Ejecutivo. En Chile, la Corte Suprema selecciona una quina de candidatos que envía para que el presidente escoja a uno, que debe ser aprobado por el Senado. El Contralor es designado por el presidente, con acuerdo del Senado. En Suecia, lo designa la Cámara Legislativa. El Contralor es designado mediante responsabilidad compartida entre el Ejecutivo y el Legislativo. En España, al Fiscal General lo designa las Cortes Generales. El Contralor es designado por el Rey, a proposición del Tribunal de Cuentas.

Como podemos apreciar, del norte al sur tanto de América, como de Europa, no se designa a los más altos funcionarios mediante «exámenes».

No solo es ofensivo, sino estúpido, designar los más altos cargos de un país, en base a «examen de conocimientos, méritos, oposición, con «veeduría» social».

En el ampuloso título, radica la trampa.

Siempre debemos recordar que los comunistas y ahora los narcoterroristas, son «orwellianos», cuando dicen sí, es no; cuando dicen no, es sí; pretenden lo contrario de lo que expresan: la «Función de Transparencia» es la que elimina la límpida división de poderes; la «Función Electoral» es la encargada de alterar la votación y proscribir la voluntad popular.

El examen, es para asegurar que sus peones, esbirros, serviles y vinculados, ingresen al servicio público, a ocupar cargos, para cumplir consignas del narcoterrorismo internacional, autodenominado socialismo del s. XXI, que de otro modo no llegarían, por falta de reconocimiento cívico e inclusive probidad.

Hay que abolir los «exámenes»; son una farsa. Las más altas funciones deben ser designadas por la Cámara de Senadores, en base al mérito reconocido públicamente, por el aporte cívico sostenido en el tiempo, demostrado por los postulantes, mediante sus actos públicos y su compromiso con la libertad de la Nación; no en un examen amañado, para controlar las designaciones, a favor de sus lacayos.

Pero estos correctivos son posibles, si primero desarmamos la actual estructura de narcoestado plurinacional oclocleptocrático vigente.