AMORES ¡Libertad!
Dr. Orlando Amores Terán/Quito
EE. UU. & CHINA
Desde la narrativa antioccidental se pretende que consideremos a China como una superpotencia poderosa que carece de debilidades.
Pero la realidad es diferente, porque China, como cualquier otro país, tiene muchos problemas; lo que sucede es que se trata de una sociedad controlada, de planificación centralizada, que dispone a sus ciudadanos cómo pensar, qué hacer y qué decir.
Por tanto, la baja renta per cápita, los bajos salarios y la burbuja inmobiliaria no pueden ser cuestionados ni constar como aspectos negativos en la narrativa oficial, que dispone suspender la publicación de cualquier indicador que perjudique dicha narrativa. Por eso no nos puede causar sorpresa que siempre el PIB chino esté creciendo, aun cuando la realidad se refleje en la renta, salarios, consumo bajos, desempleo juvenil y deuda pública total de las empresas estatales, que son una rémora para el crecimiento económico.
El crecimiento real de la economía china es significativamente menor a las cifras oficiales. Para comenzar, está endeudada en más del 300% del PIB.
Sus bajos índices de inflación se deben al poco nivel de consumo interno, lo que aumenta el volumen de las exportaciones, porque producen más de lo que la población china puede consumir, lo que obliga a las empresas chinas a bajar los precios para competir en el mercado internacional, lo cual se revierte en menores salarios.
La razón por la que China depende de las exportaciones es el gravísimo problema de capital circulante que tienen las empresas exportadoras, porque producen más de lo que se va a consumir; saben que no pueden vender dentro del país, por tanto carecen de poder de precio en el extranjero: venden para no quebrar, para reducir los riesgos de acumulación de capital circulante, por eso aparecen como grandes exportadores.
A ello hay que añadir el factor alimentario y energético, que la ha hecho dependiente de Venezuela, Rusia, Irán y ahora, por las actuales circunstancias, específicamente de EE. UU., razón por la cual Xi Jinping le ha comprometido a Trump que le venda 800.000 barriles diarios de petróleo, mientras él asumió una postura de aprobación a la política implementada por Trump ante el régimen terrorista islámico iraní, en dos de sus objetivos fundamentales: negativa al enriquecimiento de uranio y apertura incondicional para el libre tránsito por el estrecho de Ormuz.
China tiene territorio, capital humano y tecnología, pero su gran problema es la planificación central. Su moneda carece de un sistema financiero transparente, con seguridad jurídica y seguridad para la inversión, lo cual le impide atraer capital, por el control político que ejerce en todos los ámbitos el Partido Comunista Chino.
La trampa de Tucídides, citada por Xi Jinping, debe interpretarse en relación con la actitud que debe asumir EE. UU. e Israel frente a la pretensión hegemónica emergente del régimen terrorista islámico iraní en Medio Oriente, a fin de que, así como Esparta destruyó toda la maquinaria de guerra de Atenas obligándola a rendirse incondicionalmente en el año 405 a. C., del mismo modo se actúe contra el régimen terrorista iraní, toda vez que China no tiene interés en atacar a EE. UU., ni viceversa.
