Opinión

Amores ¡Libertad!

Dr.Orlando Amores Terán/Quito

La batalla es económica y cultural.

 

El aumento del ahorro «per se», por el deterioro ético del país, no genera incremento en la inversión. Primero hay que devolver la credibilidad al país.

Esto se logra manteniendo indicadores que demuestren que el ordenamiento jurídico cambió. Aun cuando el régimen no haga nada en la estructuración económica, con retornar al sistema inicial de dolarización de mercado, impidiendo la intervención estatal y detener el despilfarro instaurado por el narcoterrorismo durante la década infame 2007-17 -que se mantiene en este período de post ineptitud 2021-24-, en el que se farrearon el capital, en la década de mayor ingreso fiscal de nuestra historia; lograríamos atraer inversión.

A ello hay que agregar la obligación que tiene el régimen de ahorrar en el gasto público, mediante ajustes que evitarían el financiamiento de entes parasitarios, cuyos dineros deberían destinarse a la inversión en sectores productivos, agropecuarios, acuícolas, de vialidad rural, al subsidio específico de la demanda educativa, de salud y a la rehabilitación total de instituciones como el Instituto Nacional de Higiene Leopoldo Izquieta Pérez y el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional.

En otro orden, debe preocuparse por ganar la batalla cultural, porque cuando un país intenta superar sus problemas, emergen las perversas tesis neocomunistas sustentadas en la envidia, el resentimiento, el odio a la riqueza, el trato desigual a través de la ley, para imponer miseria igualitaria y muerte, que es el modo aberrante como el siniestrismo mantiene el control, sobre masas pauperizadas a las que enseña a envidiar y odiar la riqueza.
Jamás debemos olvidar que el comunismo desde 1917 asesinó a más de 120 millones de seres humanos, bajo el lema:

«Manos limpias, cabeza fría, corazón ardiente. Muerte a los burgueses. ¡Viva el Terror Rojo!», impuesto por el despreciable criminal, Dzerzinski, creador de la «checa».

En la actualidad, para imponer sus ideas de «igualdad», utilizan legislación perversa y aberrante, con la cual han puesto una y otra vez en evidencia, su mecanismo jurídico misérrimo, con el que pretenden justificar la envidia. En ello consiste todo trato desigual, impositivo, irresponsable, a través del ordenamiento legal que busca otorgar a cada necesidad un «derecho».