Opinión

Amores ¡Libertad!

Dr.Orlando Amores Terán/Quito.

 

INSTITUCIONALIDAD ERRÁTICA 

Un buen gobierno lo determinan las instituciones.

Ecuador tiene una historia institucional errática. Reiterados cuestionamientos a la carencia de ética, en los diversos procesos electorales durante la década 2007-2017, requieren que se regule el órgano electoral a través de un Tribunal Supremo Electoral, integrado por delegados de todas las organizaciones políticas.

El desafío consiste en negarle a cualquier régimen el acceso a esta fuente de poder e instaurar un sistema constitucional liberador y democrático, para evitar tanto la concentración del poder, como la degradación política de nefasta consecuencia, puesto que los electoreristas no representan los intereses de sus comunidades, obtienen candidaturas porque “son conocidos”, sumisos a la organización política, serviles a quien los designa o pagan para llegar, lo cual permite el acceso a ineptos, con un denominador común, la mediocridad, el oportunismo y un acentuado síndrome.

Dunning-Kruger por el cual cualquier imbécil que obtiene un cargo se cree brillante. Debemos retornar a la tradición legislativa bicameral. Las constituciones de 1835, 1843, 1845, 1852, 1861, 1869, 1878, 1884, 1897, 1906, 1929, 1938, 1946, 1967, lo instituyen. Son 14 de las 20 constituciones que recibieron golpes de Estado. La inflación electoral creada por la proliferación de cientos de organizaciones políticas estatales produce el actual deterioro; a ello hay que agregar el diseño del hampa política: financiamiento estatal, «elecciones intermedias», cortos períodos de mandato por 4 años. Todo esto nos obliga a replantear el sistema electoral: Eliminar la obligatoriedad del voto.

Depurar el padrón. Suprimir las elecciones intermedias. Aumentar a seis años el mandato. Excluir la reelección. Omitir procesos electrónicos, por ser susceptibles de alteración. Excluir de las juntas receptoras del voto a funcionarios y estudiantes de instituciones fiscales.