Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

MÉRITO, AL CIUDADANO QUE REALIZA ACTOS POR CIVISMO. NO AL BURÓCRATA QUE REALIZA ACTOS POR OBLIGACIÓN REMUNERADA

 

No se debe endiosar al burócrata que cumple con eficacia sus obligaciones.

A quienes hay que reivindicar, reconocer, agradecer, es a los ciudadanos que se autoimponen realizar actos en ejercicio de civismo, en beneficio general, sin ser su obligación, sin tener una remuneración por aquello.

Cuando digo que todo Estado es ladrón, no estoy pensando en el actual régimen, ni en el anterior, ni en Ecuador, ni en Hispanoamérica.

Me refiero a la concepción del Estado como organización política, desde sus orígenes griegos.

El Estado sustrae el ahorro de las personas, desde su origen, para otorgar defensa externa, seguridad interna y justicia penal.

Roba, porque bajo coacción exige tributos. Por eso se llaman «impuestos»; caso contrario se denominarían obsequios voluntarios.

Cuando estos criterios los comprendamos, sabremos darle el exacto valor a los actos que realiza la burocracia que hace parte del Estado ladrón.

En el país hay un acentuado comportamiento servil hacia el burócrata que, en cumplimiento de su obligación, por la que cobra una remuneración, realiza actos inherentes a su función o cargo.

En cambio, demuestra un marcado egoísmo que bordea los linderos de la envidia, respecto de la persona que, en ejercicio cívico, de su propia iniciativa, con sus propios recursos, sin cobrar remuneración pública ni privada, realiza actos que benefician a la generalidad.

Si bien la mezquindad es un instante minúsculo en la vida del ciudadano responsable que se autoimpone una actividad cívica; por tanto, la mezquindad no define sus acciones que rebasan las acciones de los mediocres y egoístas, solo cuando superemos los sentimientos de servilismo y envidia, creceremos como sociedad.