Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

PLAN DE GUERRA

 

Para derrotar al hampa común, hay que cortar el cordón umbilical que la une al hampa política. Pretender que desde el aparato judicial y policial del narcoestado se la puede derrotar, es no comprender la raíz del problema, que se remonta al primer «empresario» que logró una prebenda de la administración pública; ahí nació el hampa política, porque a cambio de la prebenda estatal, recibió beneficios de orden material. Hoy, no solo es un grupo de empresarios los que reciben prebendas que se concretan en monopolios, exenciones impositivas, subsidios, asignaciones, designaciones realizadas con el dinero de los contribuyentes, por el hampa política.

A ello hay que agregar desde la década infame 2007-17, la toma, por parte del narcoterrorismo internacional, autodenominado socialismo del s.XXI, de todas las instituciones del narcoestado, a las que ha incorporado al hampa común y al crimen organizado, porque en su ideario consideran que el hampón, es el aliado más confiable para la revolución.

Lo cual complica aún más el combate al narcoterrorismo, porque es difícil distinguir entre posibles honestos y narcoterroristas, puesto que hacen parte del hampa: diputados, ministros, jueces, alcaldes, militares, policías.

Además, los narcoterroristas maximizan el respeto a los derechos humanos, para lograr que los débiles mentales y endebles morales se pongan del lado del hampa, alegando la irrestricta observación de «normas legales», pese a que presencian todo el tiempo, el sanguinario ataque alevoso e indiscriminado.

Ante esta situación caótica, no requerimos soldadesca sumisa, necesitamos guerreros altamente entrenados, inteligentes, pensadores creativos, capaces de ejecutar misiones con precisión y astucia, asumiendo la iniciativa sobre la marcha.

Solo una alta moral, un superior espíritu guerrero, con información retroalimentada de inteligencia, contrainteligencia, apoyada en tecnología de punta, logística y financiamiento bien administrados, permitirá asumir una estrategia planificada para encarar al narcoterrorismo y controlar su sanguinaria y putrefacta actividad que ha deteriorado el país en los últimos 17 años.