Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

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Lo que caracteriza al republicanismo es el bien común, la virtud ciudadana, la libertad, la igualdad ante la ley, el imperio de la ley y la estabilidad.

La organización republicana surgió hace 2.500 años en Grecia.

La teoría liberal que aparece en el siglo XIX y se afianza en el XX, se nutre de estos principios republicanos.

A partir de que el narcoterrorismo internacional penetró Hispanoamérica, instauró narcoestados: en 1998 cayó Venezuela, en 2005 colapsó Bolivia, en 2006 sucumbió Ecuador. En consecuencia, los principios republicanos fueron trastocados: «el bien común» se transformó en corrupción generalizada, abuso de los bienes de la Nación e injusticia; «la virtud ciudadana» mutó en hampa política, cinismo e impunidad; «la libertad» se convirtió en legislación mordaza, mayor carga impositiva, más tiranía; «la igualdad ante la ley» cambió por el estúpido igualitarismo, impuesto mediante legislación anormal; «el imperio de la ley» se convirtió en la imposición de normas jurídicas favorables al delito y protectoras del criminal; «la estabilidad» fue una percepción superficial, cuyo fundamento subterráneo radicó en el desmantelamiento de la fuerza pública, la destrucción de sus organismos de inteligencia, de lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo, la permisión de ingreso al país, de vinculados al crimen organizado y la infiltración del hampa común, en instituciones públicas.

Debemos entender que cuando el narcoestado impone su concepción de bienestar, «sumac causay», no hay libertad.