Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

¡SUFICIENTE! ¡BASTA DE TORPEZAS!

 

 

Es absurdo pretender cambios, manteniendo la misma estructura narco-Estatal.

Es torpe someternos a una supuesta Constitución  -impuesta por el narcoterrorismo internacional, autodenominado socialismo del s.XXI-,   y pretender combatir el narcoterrorismo, con ese instrumento jurídico que no es otra cosa que una Carta Chávez, proyectada para su perpetuación.

Es incoherente otorgarle superlativo valor a ese instrumento perverso.

La epístola Montecristi, mal denominada «Constitución de la República», solo debe servirnos para encontrar en sus propias normas, las que nos permita desbaratar esa estructura jurídica pro crimen, restaurar la República, instaurar el Estado de derecho, eliminar el narco-Estado, e impulsar la derogatoria de toda la legislación narcoterrorista instaurada durante la década infame, a fin de que volvamos a la legislación producida en los años 80 y 90, por juristas republicanos, cuando éramos una «isla de paz», cuando se escogía a las personas para que nos representen, cuando se respetaban las instituciones, cuando la Iglesia carecía de desviaciones narcocomunistas, cuando las FFAA gozaban de prestigio y la PPNN adquiría una significación social relevante.

Si no destruimos esa estructura institucional perniciosa, impuesta en la Constituyente de 2008 y sus códigos y leyes derivados de aquella, es nulo exigir cambios; porque el diseño narco-Estatal está orientado a la dilución de la historia, al asesinato de la reputación de las instituciones y de personalidades, a la plebeyización de la política, con el propósito que la bazofia social se tome el poder, para garantizar su subordinación a la sistemática destrucción de los valores  republicanos, para imponer el caos en el que medra la corrupción, el crimen, bajo la protección de las normas jurídicas diseñadas para favorecer el delito y proteger a los criminales.

Si aquello no entendemos, seguiremos esperando cambios dentro de un sistema constitucional putrefacto que lleva la esencia de su iniquidad, al que hay que combatir, NO someternos.