Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

ANTES DE UNA BATALLA ¡PREPÁRATE!

 

Lincoln afirmaba que, si tuviera ocho horas para cortar un árbol, emplearía seis, en afilar las hachas.

A la fuerza pública la destruyó en lo orgánico y disciplinario, el narcoterrorismo, durante la década infame 2007-17.

Ahora nos corresponde repotenciar los organismos de inteligencia, contrainteligencia y contrainsurgencia, al mismo tiempo debemos mejorar la infraestructura de toda la fuerza pública; readecuar sus equipos, modernizar su armamento, optimizar su alimentación conforme a su empleo.

Es inadmisible que a un criminal preso se le asigne entre seis y ocho dólares diarios para alimentación, mientras a un soldado se le asigna tres dólares diarios.

Se debe reinstaurar el servicio militar obligatorio de dos años para hombres y mujeres, al término del cual se incorporan a la sociedad civil, con una tecnología en electrónica, mecánica, informática, comunicaciones y oficios.

Es intolerable que los policías no tengan cuarteles adecuados con dormitorios, polígonos de tiro, gimnasio para práctica de artes marciales, que deban comprar sus uniformes, pagar su alimentación y vivienda, de su sueldo.

Previa auditoría y juicio de repetición a los narcoterroristas que las quebraron, se deben devolver las instituciones que fueron eficientemente administradas por la fuerza pública y restablecer los comisariatos.

Hay que reformar los reglamentos castrenses y policiales, eliminando toda mención a “derechos humanos», porque degradan las órdenes, destruyen el mando, generan insubordinación, afectan a la disciplina, deforman la institución; tornando ineficiente e ineficaz toda acción militar y policial. Toda vez que quien ingresa a una institución castrense o policial suscribe tácitamente un contrato de adhesión, por el cual se somete a las normas, usos, tradiciones y costumbres de tales instituciones.

¿Se pueden imaginar que un gamberro de cuarta fila, perteneciente al crimen organizado, le «enjuicie por violación de derechos humanos», al jefe de cuadrilla de sicarios? En ese momento se desbarata la organización criminal.

Si la fuerza pública desea en serio ser fuerte, efectiva, letal, debe superar con fundamentos éticos, la disciplina de sus enemigos. Caso contrario, no pasará de ser una organización burocrática uniformada, en espera de su asignación, a fin de mes, carente de mística, estoicismo, austeridad, vocación, que es lo que diferencia a un servil soldado, de un guerrero.

Debemos devolverle a la República, el Estado de derecho, desarmando el narcoestado pro-crimen instaurado en Montecristi.