Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

HAY QUE MUTILAR AL LADRÓN

 

Todo Estado roba a través de los impuestos que le extrae al contribuyente, sobre el dinero que gana (I. Renta).

Vuelve a robar a través de los impuestos que le arrebata al contribuyente, por el dinero que gasta (I. Valor Agregado).

Completa la extorsión a través de los impuestos que le despoja al contribuyente,

por los bienes que adquiere, con el dinero que ya pagó impuestos (I. Predial).

Hasta el final de la vida del contribuyente, el Estado ladrón atraca, ahora extorsiona con impuestos, a los hijos del difunto, para que puedan acceder a sus bienes heredados. (I. Herencia).

En el Estado ladrón el producto de la exacción, denominado «impuestos» se orienta a subsidiar salud, educación, vivienda; además de vagancia, a través del bono de pobreza; crimen, a través de defensorías públicas y defensorías del pueblo e irresponsabilidad, a través de bono a madres solteras.

Finalmente, gasta en el aparato estatal y si el régimen es previsivo ahorra algunos excedentes.

No obstante, el Estado ladrón no comprende que la única razón por la que admitimos su organización es para que otorgue defensa externa, seguridad interna y justicia penal. Nada más.

Tampoco entiende que el mejor programa social es proteger la empresa, estimular la iniciativa privada, eliminar impuestos, suprimir regulaciones, propiciar el mercado libre, porque genera puestos de trabajo que dignifican a las personas, los transforma, de parásitos que viven del Estado ladrón, en entes productivos que generan prosperidad.

Pero esta situación es más desastrosa en el narcoestado ladrón y asesino. El atraco mediante impuestos es mayor. El despilfarro, es inconmensurable, va en proporción al crecimiento irresponsable de la burocracia. Crea asesorías, subsecretarías, ministerios innecesarios, para sembrar votos y lealtades. Malgasta el erario nacional. No hay ahorro. Hay endeudamiento. Se gasta en obras públicas mal hechas, varias inservibles, todas con sobreprecios. La inseguridad, la injusticia e impunidad se institucionalizan. Todo se mueve en base a corrupción, es la regla generalizada. Todo se silencia, pervirtiendo a medios de comunicación, mediante pauta de propaganda triunfalista, engañosa. El fraude electoral procura que ganen los vinculados al hampa política dirigente.

Ante esta situación, no es cuestión de cambiar de presidente simplemente. Han pasado tres mandatarios después de la década infame 2007-17, los dos últimos, desastrosos; razón por la cual, no ha cambiado la estructura narco-Estatal perversa.

Es el sistema el que hay que desarmar. Si el mandatario no entiende aquello, o a sabiendas mantiene vigente el sistema jurídico narco-Estatal, no existirá ninguna variación favorable para el pueblo. Todo lo contrario, se agudizarán los efectos perniciosos: inseguridad física, jurídica, corrupción. Hundiendo más al país en el barrizal, camino a su cubanización.