Opinión

AMORES ¡Libertad!

Orlando Amores Terán/Quito

 

ABERRACIONES ESTATALISTAS

 

Los siniestrismos, progresismos, populismos, totalitarismos, al implementar políticas de Estado comunistoides, parasitarias, a través de la «asistencia social», no tienen en cuenta la consecuencia perjudicial, de tratar a las personas como minusválidos mentales, degradándoles a la condición de incapacitados que requieren del Estado para sobrevivir. Su intervencionismo impone efectos perniciosos de repercusión negativa al impedir la creación de riqueza, al destruir la riqueza generada, al reducir mediante regulaciones la oferta, al fomentar el monopolio estatal en la prestación de servicios ineficientes, otorgados de modo agresivo, que deberían asumirlos los emprendedores particulares, lo cual provocaría mejores servicios, a precios más baratos y de mejor calidad.

Este intervencionismo, impide el progreso tecnológico, económico, social, por el exceso de regulaciones, impuestos, tasas, contribuciones, permisos, matrículas, barreras arancelarias que restringen la producción y el intercambio comercial, para mantener un gasto burocrático improductivo, pernicioso, descuidando el interés general de las personas que producen, que dinamizan la economía y a la vez consumen, a pesar de la existencia perversa del intervencionismo comunistoide estatal.

Debemos entender que toda «ayuda estatal» comporta incremento de la carga fiscal. Nada es gratis, los recursos para la «ayuda estatal» no se producen por generación espontánea, a alguien, el Estado ladrón, le sustrae de sus ahorros, para otorgar dicha «ayuda».

Lo más peligroso de toda «ayuda estatal», consiste en que una vez concedida, surge una especie de «derecho adquirido» e inconmensurables intereses privados, mezquinos, rateriles, obligarán a que se mantenga la «ayuda», bajo cualquier circunstancia, sin importarles el interés general.

Al igual que el aumento artificial de los salarios, incrementa el costo de la producción, encareciendo los bienes y servicios de consumo; lo cual defrauda a los trabajadores, porque objetivamente, reduce su capacidad de compra.

Definitivamente menos Estado, es más libertad y progreso, porque para lo único que es eficiente, es para extorsionar.