Opinión

AMORES ¡Libertad!

Orlando Amores Terán/Quito

 

LAS OCURRENCIAS NO SON POLÍTICA DE ESTADO

 

Detesto el narcoterrorismo en que se convirtieron todas las «izquierdas», los progresismos, los foquismos guerrilleros, después de la caída del muro de Berlín y el colapso de la URSS.

He denunciado las atrocidades del Foro de Sao Paulo y de su brazo político, el grupo de Puebla, del que hacen parte todos los canallas de la historia que conforman la organización criminal transnacional narcoterrorista, autodenominada socialismo del s.XXI, con la que pactó, desde antes de posesionarse, el actual mandatario.

En Ecuador los combatí a los jóvenes de «manos limpias», desde que aparecieron en 2006 por oportunistas, cínicos, incoherentes, falaces.

En 2008 impugné artículo por artículo, la Carta Montecristi. Advertí que instauraba una tiranía. Inmediatamente después de que el Dr. Trujillo destituyó a los jueces de la Corte Constitucional de bolsillo y designó una Corte Constitucional presidida por un valioso jurista como es el Dr. Salgado Pésames, propuse Reforma Constitucional, para desarmar el narcoestado, eliminando las funciones, instituciones y regiones creadas por el narcoterrorismo internacional en 2008.

Es indudable mi postura en contra del «socialismo del s.XXI».

El Dr. Sánchez Berzain acierta en su apreciación jurídica, pero su criterio político justifica un acto indisculpable, como es cuestionar el derecho que tiene todo Estado, en ejercicio de su soberanía, para calificar si «los hechos que motivan la solicitud de asilo, cualquiera que sea el caso, revisten carácter político».

Esta es una atribución de todo Estado soberano, nos guste o no, sea quien sea el canalla político que esté al frente del Estado. Es un principio que no se puede vulnerar, es inadmisible su violación.

Porque protege con el asilo, a personas a las que les pueden haber instaurado cargos por delitos no cometidos, por persecución política. Éste es el espíritu del asilo.

Que haya cínicos, irresponsables, encubridores, como en este caso, López, que utiliza el asilo para proteger prontuariados por delitos comunes; NO le libera al Estado afectado de su obligación de respetar el asilo, como una institución de Derecho Internacional invulnerable.

Como tampoco le exime de respetar la inviolabilidad de las instalaciones de una Embajada. Porque es otro principio de Derecho Internacional que sustenta las relaciones pacíficas entre los Estados.

¿Qué hacer ante la reiterada burla, de vieja data, de los principios del Derecho Internacional, por parte del mandatario mexicano que utiliza sus embajadas, para proteger delincuentes comunes de su orientación ideológica?

Montar operativos de inteligencia permanentes, alrededor de embajadas y domicilios de diplomáticos, vinculados al socialismo del s.XXI, a fin de impedir que los delincuentes ingresen a sus instalaciones.

Realizar amplias gestiones diplomáticas, ante todos los organismos internacionales y embajadas, para advertir que no se trata de persecución política, remitiendo documentación que prueba la comisión de delitos comunes; exigiendo se conmine a los mandatarios vinculados al «socialismo del s.XXI», a abstenerse de otorgar asilo a prontuariados por delitos comunes.

Enviar la lista de los sentenciados por delitos comunes a los organismos internacionales y embajadas.

Si no obstante estos recaudos jurídicos, los delincuentes, logran ingresar a las instalaciones, se debe: Negar el salvoconducto.

Provocar plantones de ciudadanos exigiendo la entrega de los delincuentes a la justicia.

Hostigar con ruidos desde el exterior.

Prohibir el ingreso de naves militares de los países vinculados al socialismo del s.XXI.

Inspeccionar antes del embarque, todo paquete, caja, baúl, maletero que pese más de 80 libras, a excepción de la valija diplomática portable.

Un ejemplo de respeto al asilo, lo representa la presencia del expresidente Cámpora, quien estuvo exiliado tres años en la residencia del embajador de México en Argentina, y pese a estar en dictadura (1976) para la que Cámpora era «soldado de la subversión», «delincuente común», jamás irrumpieron el domicilio del embajador, para extraerlo al «criminal ideológico», como lo llamaban.

Otro ejemplo lo proporciona la dictadura de Pinochet (1973) que no irrumpió ninguna embajada, para extraer «terroristas», «guerrilleros», perseguidos por el régimen. Respetó el derecho de asilo, porque es inherente al ejercicio de soberanía de todo Estado.

Esto no me ubica del lado de López, todo lo contrario, demuestra que hay principios que no se pueden vulnerar.

No podemos adecuar la política internacional de un país a intereses y vanidades personales, si aquello permitimos generamos un mal precedente.

Si aquello, además, aplaudimos por «solidaridad patriótica», poco nos importa el interés superior de la Nación, porque subordinamos la política de Estado, a la ocurrencia del mandatario de turno.