Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

 

¿DERECHOS SOCIALES?

 

La seguridad social debe ser de libre opción, la obligación de aportar a la estafa piramidal que comporta el seguro social coercitivo desmotiva el ahorro, descapitaliza a la sociedad, amortizando dinero en las arcas estatales, a través del impuesto al trabajo que podría capitalizarse, mediante inversiones privadas en seguros.

Con relación a los subsidios que ascienden a 7.000 MUSD anuales; solo deben mantenerse aquellos que sirvan para el desarrollo de la producción.

Entre 2006 y 2017, los salarios de la burocracia se triplicaron de 3.358 MUSD, a 10.774 MUSD, lo que representa el 48% del gasto corriente, solo en mantener el parasitismo burocrático.

Las obras que requiere la población se las debe hacer mediante concesiones. El Estado no debe invertir en «maquinaria de construcción», salvo el cuerpo de ingenieros del Ejército, por la autonomía y seguridad imprescindibles en la fuerza pública.

Debemos comprender que no hay «derechos sociales», la expresión es un invento estatalista, para justificar mayores niveles de extorsión, que les permita aumentar la sustracción de los ahorros de las personas productivas.

Existe una obligación moral de atender al prójimo. Pero él prójimo no tiene derecho a exigir nada. Es estúpido imponer un derecho, conminarle contra todos, por el hecho de nacer y no lograr los medios para satisfacer sus necesidades básicas. Los «derechos sociales» son un impuesto a la vida, que lo pagan quienes han logrado satisfacer sus necesidades primarias y secundarias.

En relación a este tema, coincido con el concepto Mapuche de hombre, a quien lo considera «cielo comprimido en un cuerpo”; mientras que de la mujer, dice que es «aquella por la cual el hombre es más».

Son dos criterios que valoran al ser humano, que no lo degradan a la dependencia, al pedigüeñismo, sino que lo elevan como lo óptimo de la creación, a tal punto que reconoce que está bien concebido biológicamente, que no requiere medicina hasta los 60 años, que es cuando acusa algún deterioro.

A la gente de bien, la que se esfuerza por ahorrar, invertir, trabajar en su propia empresa, no le interesa el «Estado de bienestar». Basta ver cómo está Cuba, la isla-cárcel donde la seguridad social, la salud, la educación, la vivienda, la cultura, son estatales, mientras el pueblo no tiene qué comer, ni cómo expresar su insatisfacción, porque los medios de comunicación también son estatales.

Al hampa política le atrae todo lo estatalista, porque a través de su mugrosa estructura, roba bienes de la Nación, mediante concesiones, contratos, convenios, subsidios, empréstitos.

Menos Estado, más libertad.

¡Primero mi Patria!