Opinión

AMORES ¡Libertad!

 

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

ESTADO SINIESTRO

A mediados del siglo pasado, el siniestrismo se dio cuenta que en los países desarrollados, los obreros no van a hacer la revolución, como lo había previsto Marx. Entonces, rediseñaron un nuevo «proletariado», en base a la identificación de diversas minorías a las que les asignó «derechos»; toda vez que el supuesto conflicto: obrero contra empresario, no funcionó.

En consecuencia, la guerra económica que planteaba el marxismo fue dejada de lado, para instaurar la guerra cultural, con énfasis en lo sexual.

De ese modo trasladaron la argumentación marxista a la creación artificial de un sinnúmero de conflictos. Lo que antes fue «explotación capitalista», se transformó en «odio homofóbico», «opresión patriarcal», «vulneración de la autopercepción sexual”, “imposición biológica machista».

El siniestrismo distorsiona los valores morales, las tradiciones y la ciencia, cancela el pensamiento que denuncia sus aberraciones, discrimina la reflexión que se opone a sus falacias.

No obstante, el poder político y el económico, consideraron que el neocomunismo con su ideología de género y más aberraciones, es funcional al control de la natalidad. A este respecto Margaret Sanger dijo: «más hijos para los aptos, menos hijos para los ineptos», entendiendo como tales, a asiáticos, hispanoamericanos y afros.

Desde esa época los tecnócratas, usualmente vinculados al siniestrismo, consideran que el aumento de la población es un riesgo para los países desarrollados. Si bien al aborto en aquella época se lo concebía como una forma de mejorar la genética humana, hoy es un «derecho de la mujer».

Pero lo peor de todo es que estas falacias se imponen desde el Estado, utilizando el poder coercitivo, la ley, porque los organismos internacionales condicionan empréstitos e inversiones, a la adopción de estas políticas.

Además, al hampa electoralista, le interesa contar con grupos de presión que se movilizan y son capaces de someter a las mayorías, carentes de voz.

Si no impugnamos estas aberraciones, pronto admitiremos como normales, todo tipo de falacias.

La libertad depende de nosotros. La esclavitud, de ellos. Escoge ser libre.