Opinión

AMORES ¡Libertad!

 

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

 

MAYORÍA POSTERGADA

 

El ejercicio democrático a partir de su «retorno» en los años 80, inauguró una era populista de «cambios». Se incorporó a los analfabetos al sufragio, esto agregado a la «obligatoriedad del voto», provocó una primera tara democrática: la megalomanía electoral. Los electoralistas, denominados «políticos», difunden la idea de la importancia de los «procesos electorales», para los cuales se sienten capacitados, aun cuando usualmente carecen de conocimientos.

Para algunos politólogos, la democracia se fundamenta en la «elección de autoridades que representan a los ciudadanos», a través del voto. Consideran que el sufragio debe ser obligatorio, debido a la «débil cultura de participación electoral».

Estos dos elementos: el voto de analfabetos y la obligatoriedad del sufragio, generan una segunda deficiencia democrática: el financiamiento de las carreras políticas, con dinero de los contribuyentes, auspiciando a sus organizaciones.

Si a ello agregamos la irresponsable incorporación del derecho a sufragar desde los 16 años, presenciamos un tercer defecto democrático: admitir el ejercicio del sufragio no vinculante. Lo cual exime de responsabilidad ética al votante; lo que provoca la lumpenización de la política, en consecuencia, la asunción a cargos de representación, de la bazofia social.

Para consolidar este oprobioso sistema, inclusive se permite gastar en propaganda estatal, el dinero de los contribuyentes; y se multa con el 10% de un salario básico unificado, al ciudadano que no acude a votar.

Estas taras deben eliminarse mediante el voto facultativo; el aumento de edad para sufragar a 25 años; la elección electrónica que emite certificado por quién se votó; la eliminación de toda reelección; el incremento de los períodos en todas las dignidades, a seis años; la supresión de elecciones intermedias; el pago de dietas por sesión derogatoria o aprobatoria de normas jurídicas, en lugar de la remuneración fija, en los cuatro niveles de la legislatura nacional a parroquial.

De ese modo el elector mayoritario incidirá con su sufragio. Caso contrario, seguirá postergado por la irrupción de minorías clientelares del hampa política, apropiada del sistema electoral narco-Estatal.