Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

IGUALITARISMO LÚGUBRE

 

En la antigüedad la sociedad sacerdotal burocrática se consolidó en Esparta y Asiria, más tarde, el imperio romano será su culminación, donde la esclavitud es el motor de la economía, siendo muy valorados, los esclavos que tenían alguna profesión u oficio. En el siglo XIII se desarrolló la sociedad comercial que se le contrapone, a partir de que el esclavismo dio paso a la servidumbre de la gleba que se independizó mediante la práctica de emprendimientos y oficios, cuyas mercancías se intercambian por dinero, y el trabajo empieza a ser remunerado. A partir de estos hechos, en apenas dos siglos, aquellos siervos convertidos en comerciantes tienen suficiente dinero para prestar tanto a la burocracia eclesial, como nobiliaria.

En consecuencia, los siglos XV y XVI son de esplendor, de descubrimientos. En este momento, se entierra la edad media pobrista, comunista, lúgubre, que en la práctica diaria cambió el séptimo mandamiento: no robar, por «no comerciar»; donde la premisa mayor fue: «la riqueza es impura»; Dios ama a los pobres; el que tiene capa divídala y de al que no tiene; ningún rico entrará al reino de los cielos.

Hoy, hemos vuelto hacia atrás, al medioevo, con los discursos igualitarios y su concreción por medio de la ley, que son la muestra de la mayor torpeza porque no existen dos gotas de agua iguales, aún cuando provengan del mismo chorro. Sostener igualdad es incoherente, además, cobarde, porque no encara el principal deber humano que es respetarse a sí mismo, enarbolando la libertad, no el igualitarismo pobrista.

En esta disyuntiva, los siniestros están por el pobrismo, por el parasitismo estatal; los libertarios, por la iniciativa privada, por el emprendimiento autónomo que desconfía de los «mesías» que nos invitan a inaugurar el cielo en la tierra, a través del igualitarismo pobrista, cuyos ejemplos son la URSS, Corea del Norte, Cuba, Angola, Nicaragua, Venezuela.

Lo cierto es que para salir de la pobreza, solo hay una fórmula: «crear riqueza»; para crear riqueza, solo hay una fórmula: «reducir la presencia del Estado». Mientras más ricos, el nivel de pobreza disminuye. Pero para que este criterio perdure, hay que difundirlo a través de la educación y la cultura liberadoras, porque es por medio del adoctrinamiento en la educación y la cultura, que hemos perdido varias batallas, pese a demostrar las falencias del comunismo pobrista una y otra vez. El desarrollo de la inteligencia debe adaptarse a la necesidad y realidad de la gente, no al interés del hampa política, que busca la masificación del ser humano, mediante el adoctrinamiento, a través de la educación estatal, para dominarlo.