Opinión

AMORES ¡Libertad!

Orlando Amores Terán/Quito

CONCRECIÓN

En Ecuador no hay «bandas delincuenciales», tampoco hay «mafias».

En Ecuador se instauró en 2008 una estructura jurídica narco-Estatal que permitió la destrucción de la fuerza pública, y el ingreso de organizaciones criminales vinculadas al narcoterrorismo internacional, autodenominado socialismo del s.XXI, cuya fuente de financiamiento es el tráfico de armas, personas, órganos humanos, divisas, equipos, documentos y narcóticos, en connivencia con el hampa política de cada país.

Por tanto, el Ecuador está tomado por el narcoterrorismo.

Es imprescindible esta precisión, porque al hampa común, al tráfico de narcóticos, a la «mafia», al crimen organizado, que es hampa común organizada, se los combate, observando las reglas del «debido proceso», con autorización judicial, intervención de fiscales, sin armamento de alta letalidad, respetando irrestrictamente los derechos humanos de los hampones, criminales y mafiosos.

Mientras que, declarada guerra interna contra el narcoterrorismo, se lo combate con toda la letalidad que dispone la fuerza pública, hasta neutralizarlos y limpiar de su presencia, el territorio nacional, acatando normas humanitarias solo aplicables a las personas que no participan del conflicto, que están incapacitadas para combatir, porque están heridas, abandonaron las armas, o se rindieron.

En guerra interna, a los narcoterroristas armados, mientras están combatiendo, no se les aplica «normas humanitarias», y peor derechos, garantías y protecciones inherentes a los «derechos humanos» que en cambio si deben observarse con el hampa común, los traficantes, el crimen organizado, las mafias.

De ahí que es un contrasentido, disponer que se «respeten los derechos humanos», cuando se declara guerra interna al «terrorismo».