Opinión

AMORES ¡Libertad!

Orlando Amores Terán/Quito

ESTADO VACUNADOR

La única razón de la existencia del Estado es otorgar seguridad externa, interna y justicia.

Para ello hemos acordado que le es lícito, cobrar tributos. Por tanto, el «Estado de bienestar», la piramidación estatal con «aportes obligatorios» para la seguridad social, son desvíos de su función; más aún cuando, para robar nuestros ingresos crea normas, requisitos, permisos, autorizaciones, patentes, que coartan nuestra iniciativa.

Si no fuese por la seguridad y la justicia, que son su función primigenia, el Estado es prescindible, innecesario, una rémora y sus funcionarios son canallas, a partir del momento que impiden que los ciudadanos porten armas, para precautelar su integridad personal y sus bienes; y cuando crean leyes para favorecer el delito, anteponiendo los derechos humanos y el garantismo penal de los delincuentes y terroristas, al interés general de la sociedad, sus instituciones y las víctimas.

No hay diferencia entre el hampa común que extorsiona a los ciudadanos, con el hampa política que «vacuna» a los ciudadanos, a través de normas publicadas en el Registro Oficial. El Estado vacunador es triplemente inmoral: cobra para otorgar seguridad y justicia; propicia la actividad delincuencial, porque no otorga ni seguridad, ni justicia con eficacia; y exige tributo, por toda actividad producto del ingenio privado, empresarial.

Los libertarios debemos replantear los conceptos con los que hemos tratado los asuntos que afectan a nuestra sociedad. No hay dinero público. El dinero que dispone el Estado ladrón y ahora el narcoestado ladrón y asesino es dinero que sustrae del ahorro de los contribuyentes. Tampoco existen bienes públicos, lo que no proviene de los individuos, corresponde al conjunto de estos, a la Nación; por tanto, hay bienes nacionales, no públicos. Nada es público, todo es privado o de la Nación. El Estado ladrón denomina «público», para atracar los bienes privados y los bienes de la Nación.

Debemos identificar con propiedad el valor de nuestros bienes: privados y nacionales.

Para todo ello es necesario desarmar la organización estadual más aberrante, el narcoestado plurinacional oclocleptocrático que se instauró en 2008 en Ecuador y tiene como antecedente los narcoestados de Venezuela, Nicaragua y Bolivia.