Opinión

AMORES ¡Libertad!

Dr. Orlando Amores Terán/Quito

 

¿ISLAM POLÍTICO? ( 2 )

 

La protesta de los musulmanes exigiendo la libertad de sus líderes religiosos se generalizó, poniendo en peligro la seguridad de Granada.
Cisneros, ante los reyes argumentó que los musulmanes levantados rompieron los términos contenidos en la capitulación de 1492 que les garantizaba el derecho a practicar su fe; al rebelarse, perdieron la protección de esos acuerdos, propuso una conversión general.
Organizó bautizos masivos, ordenó quemar libros que contenían textos coránicos, literatura religiosa islámica, comentarios jurídicos islámicos, poesía vocacional, dispuso que se salven los textos de medicina, filosofía, ciencias naturales, porque los consideraba patrimonio del conocimiento, con independencia de su origen.
Cuando se sofocaron las revueltas musulmanas, la situación jurídica de los musulmanes de Granada era irreversible; una pragmática real emitida en 1502 obligó a todos los mudéjares de Granada a elegir entre el bautismo o el exilio, la inmensa mayoría se bautizó, con lo cual surgieron los “moriscos”, musulmanes convertidos, que nadie los consideraba genuinos puesto que estaban atrapados entre dos mundos, lo que fue fuente de conflicto durante más de un siglo, hasta su expulsión definitiva de España.
Cisneros creía que la unidad religiosa de España era un bien superior que justificaba todos los costes. Consideraba que la pervivencia de tres religiones en un mismo territorio era fuente de inestabilidad política y social. Todo lo cual era acertado para aquella época y lo es para la actual.
Solo se equivocó al pensar que la conversión podía arraigar en las generaciones posteriores, que los hijos de los convertidos crecerían como cristianos y que los nietos ya no recordarían otra fe.
Todo lo contrario, los moriscos mantuvieron su fe y sus costumbres de forma clandestina más de un siglo, en un acto de resistencia cultural silenciosa que desafió todos los esfuerzos de asimilación: rezaban en árabe a escondidas, mantenían sus rituales en secreto, transmitían su fe a sus hijos y nietos en susurros, de generación en generación, hasta que la Corona española resolvió en 1609 que la asimilación era imposible y los expulsó definitivamente.
Ése es el ejemplo que deben seguir todos los países, para evitar la invasión islámica totalitaria, fanática, cristianofóbica, proclive al terrorismo.