Opinión

Amanda y Claire

Gonzalo Escobar
Gonzalo_escobar7@hotmail.com

Esta es una historia que cierra con el mA?s maravilloso de los finales, es magnA�fica. Primero tengo que contarles lo que tuve que padecer antes que el destino, en su capricho, me trajese una fortuna tan pasajera como duradera.

La primavera habA�a llegado, pero el frA�o no declinaba y yo tuve que hibernar en Long Island mA?s dA�as de lo previsto por las tormentas de nieve. Cuando al fin pude volver a Nueva York, estaba listo para pasar unos dA�as memorables: desde enero esperaba una gran fiesta que se celebraba en Brooklyn, y con gente que venA�a desde Europa y Australia, era un espectA?culo asegurado; $200 costA? mi entrada para ver a Billy Joel tocar en el Madison Square Garden, y esa entrada me tomA? unas 7 transacciones porque los asientos se acababan por segundo; irA�a a acampar con primos, irA�a a bares, harA�a tanto.

Todo ese tanto que hacer lo perdA�, y a eso tuve que sumarle unos $150 en antibiA?ticos y otras medicinas por una fiebre y dolores de cabeza incesantes, acompaA�adas de otras molestias. Por semana y media me despertaba encharcado en sudor, y me levantaba de cama solo para las citas mA�dicas que el seguro de viajes coordinaba. ClA�nicas, escaneos, vacunas, la garganta como un pasaje de rocas filosas, exceso de sed y hambre; tanto y a la final lo A?nico que supe, fue que mi sobrino, probablemente, me pasA? un virus.

A?Ay, pero Nueva York! Nueva York es una reina de diamantes y una quimera indomable, es un gigantesco tablero de juegos de azar y estrategia. Si mi mente lleva aA�os conjurando ficciones, esta ciudad me entrega realidades fantA?sticas en bandeja para que yo solo ejercite mi redacciA?n.

El jueves 4 de abril ya me habA�a sanado y paseaba por la jungla de acero y cristales. El viernes 5 de abril salA� apurado, como al medio dA�a, sin comer y ansioso por recuperar el tiempo perdido. Buscando algA?n lugar que recordar, almorcA� en el Grand Central Oyster Bar, restaurante que abriA? junto al Grand Central Station en 1913. Luego por insistencia de un amigo fui al Sunrise Mart, que solo vende productos japoneses; comprA� dulces de sakura (la flor que crece en los icA?nicos arboles rosados); y luego, por insistencia de ese mismo amigo a��que todos los dioses lo bendigana��, fui a comprar una salsa picante desde Manhattan hasta Brooklyn, en una tienda exclusiva del producto.

Yo fui a tomar el tren de Manhattan a Brooklyn con el A?nico propA?sito de comprar una salsa picante. Antes de embarcar, vi a un par de chicas, un par cuyas facciones y curvas serA�an atractivas para cualquiera con ojos. Me llamA? la atenciA?n las risillas que compartA�an mientras hablaban y veA�an a los demA?s dentro del vagA?n; me llamA? bastante la atenciA?n cuando esas risillas y susurros me dirigA�an la mirada con repeticiA?n.

Con muchos escenarios en la cabeza y motivado por sus miradas, desentendidamente me acerquA� justo cuando el tren iba a parar, y a propA?sito me dejA� tropezar sobre una de ellas a��y en este punto vale saber que, segA?n la gente de allA?, mi inglA�s no se distingue del de ellos, o sea que no se nota mucho lo extranjero, razA?n por la que debA� forzar el acento. AdemA?s, usA� ciertas palabras en espaA�ol, como perdA?n y sA�, y otras fA?ciles (las conversaciones las traduzco del inglA�s).

Yo: perdA?n
Amanda (que tenA�a pelo largo y castaA�o, ojos verdes, facciones delicadas, una sonrisa preciosa y un tanto mA?s alta): oh, no pasa nada. Mm, de donde eres, SudamA�rica?
Yo: SA�
Amanda: de verdad? Que interesante, de quA� paA�s eres. Ah, ella es mi mejor amiga Claire, mi nombre es Amanda.
Claire (rubia y rizada, con una melena que caA�a hasta los hombros, de ojos celestes y facciones finasa�� parecA�a una muA�eca): hola, soy Claire.
Yo: hola Claire, hola Amanda, un gusto conocerlas. Pues soy de Ecuador, un paA�s pequeA�o que queda entre Colombia y PerA?.
Amanda: A?Ecuador! QuA� lindo, si se cual paA�s es, me gustarA�a conocerloa��
Me extraA�a cuando saben de Ecuador, porque no es usual. Desde ese punto las chicas me hicieron varias preguntas, y mencionaron saber sobre GalA?pagos, el banano, ciertas playas como MontaA�ita, la Sierra. Principalmente me dedique a responderles, hasta que lleguA� a la parada donde me bajaba.
Yo: bueno chicas, me gusto conocerlas y quisiera seguir haciA�ndolo, pero me toca bajar aquA�.
Amanda: ah, nosotras tambiA�n de hecho. O sea, podrA�a ser una mA?s pero da igual, si quieres te acompaA�amos a la tienda que dijiste; ademA?s, por aquA� cerca queda el Williamsburg Music Hall y querA�amos ver que presentaciones hay por el momento.
Que no quede duda, porque luego Amanda me lo confesA?: yo no las escogA� a ellas, Amanda me vio y Claire estuvo de acuerdo. Aunque mi audiciA?n me la ganA�, porque un tipo excesivamente manso o de obvios instintos o uno aburridoa�� eso a las mujeres les apesta.
Anclada la amistad, dimos en el Music Hall, que tenA�a un concierto de hip-hop y techno a las 8pm, perfecto para irse de tragos y bailar. Solo habA�an dos enormes problemas: primero, habA�a prometido visitar a mis abuelos, y segundo, reciA�n me habA�a tomado el A?ltimo jodido antibiA?tico y serA�a imposible durar una noche larga, menos en total sobriedad y ellas enfiestadas; ese interA�s mutuo iba a desaparecer. Pero en todo caso, Claire no se unA�a mucho a las risas que yo compartA�a con Amanda; se supone que era algo tA�mida. Era de esperarse. Yo aceptA�, falsamente, ir al concierto con ellas, y con eso fuimos a hacer tiempo al departamento de Amanda. AhA� seguA� respondiendo, hasta que fui un tanto directo por la naturaleza de unas preguntas, dejando en claro el saludable espA�cimen que era.

Para entonces iban a ser las 6pm y yo no podA�a seguir pretendiendo que irA�a al concierto y luego las acompaA�arA�a a bares o clubs, asA� que, mientras ellas se tomaban un trago, yo hice mi gran y A?nica jugada esperando que Amanda admita su plan.

Yo: Bueno chicas, para serles honesto, yo no puedo ir al concierto ni quedarme de largo. MaA�ana me regreso a mi paA�s (mentira) y tengo que ir a despedirme de mis abuelos que tienen 90 y terminar maletas.

Amanda: oh no! Pero entonces nos vamos a perder toda la diversiA?n.
Yo (y esta es mi frase mA?s cA�lebre): Buenoa�� podemos divertirnos ahora.

Sin alargar mucho la historia, Amanda se levantA? y fue a su cuarto para ver que vestir, yo la acompaA�A� para dar mi opiniA?n. La primera muda fue la que mA?s me gusto, eso quedA? claro. Pero Claire se habA�a quedado en la salita, entonces dije a Amanda que yo traerA�a el parlante y a su amiga. Me sentA� al lado de la rubia, sonriA�ndole.

Yo: hey, Amanda dice que entres, paraa�� bueno dice que se lo prometiste.
Claire: si, yo sA�. A veces no me explico porque le hago caso. Soy bastante tA�mida, como te habrA?s dado cuenta, perdA?n que no me una mucho cuando ustedes conversaban.
Yo: no pasa nada, tampoco es que yo sea muy extrovertido. Amandaa�� pues sA�, se nota que es abierta, y convincente tambiA�n. Es por ella que me mostrA� tan abierto, supongo. Es alocada, se nota, debo confesar. Me caen bien las dos, son una pareja de amigas media desigual.
Claire (sonriA�ndose): si, bastante desigual a veces. Pero buenoa�� oye, me gusta tu pelo, y tu nariza��
Yo: gracias, a mA� me gusta tua�� todo, la verdad (Claire se rA�e).
Amanda: oigan, van a andar hechos los enamorados toda la tarde o vienen. Claire, tu prometiste (dijo Amanda asomando la cabezaa�� y una pierna; recuerden que se andaba cambiando).
Claire: si, ya se, mil veces. Como insistes, no? Bueno, vamos.
Amanda: aw, mira como vienen de la mano. Bueno, aA?n falta para el concierto, aunque da igual eso. Les voy a enseA�ar algo loquA�simo.

Fue de locos. Tomo un tiempo hasta que decidieron que ponerse para lo que sea que habA�a despuA�s, un buen tiempo. El mejor de los tiempos. Tiempos de risa, de calma, de furia. SA�, me perdA� la fiesta, acampar, me perdA� a Billy Joel. No importa. Ese viernes de tarde fui a comprar una salsa picante a Brooklyn y cuando regresA� a Manhattan me cubrA�a el aura de un rey, y el Rocka��na��roll en mis audA�fonos me hacA�a saltar en la noche, por las calles repletas de luces y colores y colosos de piedra. El mejor de los tiempos, la mejor de las historias, el final perfecto.

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