Opinión

Alpidio vendió morocho con sal

Las anécdotas que Alpidio Mera Fernández cuenta son muy peculiares. Él es muy conocido por vender encebollados.

En las calles Sucre y Ángel Rafael Álava, de Santa Ana, todos conocen a Alpidio, quien en sus inicios vendió morocho y con la ganancia pudo solventar los gastos de su familia, menciona.

Recuerda que cocinaba el morocho con leña, cuya preparación le daba un sabor especial. Luego con un tacho en el hombro recorría el casco urbano.
 
Anécdotas.
 
Uno de los hechos que más recuerda fue el día en que su esposa le puso sal al morocho en lugar de azúcar.  En la calle fue que se dio cuenta de que el “rico morocho” no estaba tan sabroso como lo acostumbraba vender.
 
Ese día su jornada de trabajo terminó más temprano. Cuando llegó a su casa, su  esposa lo miró de forma extraña pues sabía el motivo. Ninguno de los dos se dirigió la palabra, relata. “Para qué enojarse si el siguiente día debía seguir vendiendo morocho en las calles”, menciona Alpidio.
 
 
Pero esa no es la única anécdota que recuerda el comerciante de 64 años, pues confiesa que en cinco ocasiones se le cayó el tacho lleno de morocho y le tocó regresar a su casa con los bolsillos vacíos.
 
Alpidio indica que un día visitó la parroquia Crucita y saboreó un delicioso plato de encebollado, lo que le generó interés en conocer su preparación para emprender este nuevo negocio. Así fue como empezó a vender encebollado y ya lleva quince años con este negocio, incluso alquiló un local, pero no le fue muy bien y tuvo que regresar a vender en las calles.
 
 
Sostiene que gracias a sus emprendimientos financió los estudios de sus cinco hijos, y dos de ellos son profesionales.
 
“Los que no quisieron seguir estudiando me ayudan en el negocio”, señala.
 
 
Fuente: www.eldiario.ec