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Alonso, diez años de frustación

Ha sido triste darse cuenta de que hoy a pesar de ser un piloto mucho mejor del que ganó el Mundial hace diez años, tiene que ver cómo otros, se llevan las victorias, los títulos y la gloria.

ESPAÑA. En Brasil 2006, Fernando Alonso sólo tenía que rematar la faena. Lo más difícil ya estaba hecho. La temporada había sido un infierno, pero quince días antes, en Japón, la suerte, el destino o esa justicia que no existe en ningún deporte, porque ni la vida ni el deporte son justos, le había sonreído. En Suzuka, Fernando lo tenía todo en contra: un coche más lento, una racha de cuatro meses sin ganar, los peores neumáticos, un equipo asustado y un entorno, el de la Fórmula 1, que quería ver campeón a Michael Schumacher. El alemán dependía de sí mismo, había ganado cinco de las últimas siete carreras, tenía a Felipe Massa como fiel escudero y no había abandonado por avería en los últimos cuatro años. Pero el motor de Michael se rompió y Fernando celebró su victoria simulando levantarse como el Ave Fénix sólo cuatro horas después de haberme convencido de que todo estaba ya perdido.

Brasil era sólo el escenario del último combate por el título. Fernando sólo necesitaba un punto para ser campeón. Para un tipo acostumbrado a luchar por lo imposible, parecía un objetivo más que asequible. El ambiente en Sao Paulo era, curiosamente, mucho menos tenso que en las carreras anteriores. Sólo había que salir a no fallar. Fernando lo sabía, Michael lo sabía, la FIA lo sabía y lo sabían los ocho millones y medio de aficionados españoles que siguieron el gran premio en directo por televisión. Fernando fue campeón y cuando después de la carrera le vimos en el podio rodeado de papelitos plateados, todos pensamos que lo mejor estaba por llegar. Que a ese chaval de 25 años que acababa de proclamarse el bicampeón más joven de la historia le esperaba un futuro de éxitos incalculables. Nos equivocamos.

Sería muy fácil culpar a la suerte de esta dolorosa sequía, aunque la fortuna no le haya ayudado en este tiempo. Sería cobarde justificar esta travesía por el desierto con errores de estrategia, aunque algún error le costó el título. Sería injusto culpar de esta aridez a la falta de tacto que demostró algún equipo y que metió a Fernando en una batalla fratricida con su compañero que salió muy mal. Y sin embargo, en esa batalla todos fueron culpables. También Fernando. Estoy convencido de que el Alonso maduro, sereno, frío, inteligente y astuto, que el tiempo y la adversidad han ido moldeando, hubiese afrontado algunas de las situaciones complicadas que ha tenido que encarar en estos diez años con más tacto, con más calma y con más sensatez.

Para Fernando ha sido duro descubrir en este tiempo las miserias de equipos con los que soñó. Ha sido frustrante enfrentarse a la realidad de conducir un coche más lento por estar siempre en el lugar equivocado. Ha sido triste darse cuenta de que hoy a pesar de ser un piloto mucho mejor del que ganó el Mundial hace diez años, tiene que ver cómo otros, se llevan las victorias, los títulos y la gloria. Pero también es esperanzador pensar que si alguien le da un buen coche, no lo duden, volverá a estar en la batalla. (El Mundo/La Nación)