Opinión

Alineado por el poder

Autor: Antonio Molina Castro/Guayaquil

Cortesía del Diario Digital LA NACIÓN.

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En sesenta y más años de ejercer el periodismo  – preferentemente en el campo socio político – he tratado con políticos de toda laya, de todas las doctrinas y corrientes políticas, de diferentes categorías morales y éticas; desde estadistas hasta rufianes, desde caballeros hasta villanos, mentirosos y ladinos; cuenteros, libidinosos, toxicómanos e invertidos sexuales; raterillos aprendices de delincuentes y avezados amigos de lo ajeno, que llegaron chiros y saquearon las arcas del Estado, creyendo ilusamente que no le roban a los ecuatorianos.

Estuve a lado de un derechista oligarca como León Febres Cordero y junto a un marxista, ideólogo y practicante, como don Pedro Saad y a José María Velasco Ibarra, quien no era ni lo uno ni lo otro (ni comunista ni curuchupa), pero a ratos le brotaba el nihilismo que él condenaba, cuando iba personalmente a desbaratar las huelgas en su contra. Los tres fueron auténticos estadistas que despertaban pasiones para mover multitudes. Aún recuerdo su frase: “Yo trituro al Frente o el Frente me tritura a mí…” cuando enfrentó al liberal Raúl Clemente Huerta, otro “señor de la política” ecuatoriana que no pudo ser Presidente…

Debo reconocer la estatura demócrata de Rodrigo Borja, con quien nos saludamos sin rencores en el aeropuerto de Guayaquil, sabiendo que había censurado su gestión (1988 – 1992) en un libro que escribí (Los Jinetes de la Narcocracia) en que denuncié que – gracias a su impulso económico – el Ecuador estaba cayendo en manos de los Cárteles de las drogas y convirtiéndolo en una gran lavandería de dólares, como los hechos sobrevinientes lo confirmaron después. En ese mismo rato los periodistas le pidieron su opinión del libro escrito por quien había saludado, ahí mismo, y él respondió: “Sin comentario, señores”. Otros me habrían vejado o dedicado una sabatina para apostrofarme. No es cuestión de tiempos, sino de los valores interiores, de decencia, que sí tienen muy pocos políticos de profesión y que no responden a sectas ideológicas.

Jaime Roldós, un joven y caballeroso político, quien en 1979 quedó resentido porque le dije en su domicilio, la víspera de las elecciones, que no votaría por él sino por Jaime Hurtado. Al día siguiente, desde su carro me grito: “¡Viste que ganamos!”, cuando había derrotado a Sixto Durán Ballén, en primera vuelta, al que arrasó finalmente con más del 68% de votos. Mantuvimos hasta su muerte trágica la amistad que iniciamos en la Facultad de Derecho de la U de Guayaquil, pero me excluyó de la delegación de periodistas que le acompañó en una gira continental.

Don Assad Bucaram Elmalhin y el joven médico Pancho Huerta Montalvo – candidatos a la Prefectura del Guayas y Alcaldía de Guayaquil – nos hicieron malas señas cuando encabezaban una marcha que pasó por EL TELÉGRAFO. Igual fue el comportamiento de Abdala Bucaram cuando se lo criticaba por sus excesos, pero jamás “puteó” a los periodistas y medios por sus críticas, a quienes se refería en generalidades, a través del gran escudo que le brindaba el gran periodista Fernando Artieda Miranda (+).

Los políticos sensatos saben que la prensa es, por su propia naturaleza, escrutadora del poder político y contestaria por sus acciones. Ambos sectores – políticos y prensa – son divergentes y compatibles, a la vez, cuando el interés del país se impone, cuando los hechos involucran a la ciudadanía y sacuden la conciencia nacional. Como cuando se dio la máxima expresión pública multitudinaria, en febrero de 1975, tras la agresión peruana en el Alto Cenepa: Sixto Durán Ballén convocó a todos los ecuatorianos a una gran marcha, donde estuvieron de pie, desde los ex presidentes de la República, hasta el último chagra y el más patialsuelo de los guasmeños. Hasta hoy resuena la frase que nació ese día: ¡Ni un paso atrás! Ante la agresión sureña.

Hoy se da todo lo contrario. La secta política RC5 pide que la armada mexicana bloquee el Golfo de Guayaquil para que no nos llegue abastecimientos de mercancías; arma tremendo barullo, por la irrupción condenable (a la luz del Derecho Internacional formal) por la recaptura en la Embajada de México, en Quito, del ex un Vicepresidente ladrón, juzgado y sentenciado en dos ocasiones, prófugo de la justicia; que ahora está en LA ROCA, donde siempre debió estar… El líder de los corruptos, (el expresidente Rafael Correa), invoca la guerra contra su propio país, ruega (demencialmente y fuera de sí) que México envíe su poder bélico contra la Nación, su presidente y su gobierno y sus ciudadanos…

Pierde las proporciones (él es un ex Presidente de la República, no un hijo de vecina)… Implora a los países de la Comunidad Europea que sancionen económicamente al Ecuador para que los ecuatorianos sufran las consecuencias de esas medidas (hambre, desocupación, miseria). ¿Qué piensa y siente este hombrecillo por su país?

¿Qué le está pasando?… Desquiciado por el poder, frustrado por sus errores; alimentado por bajas pasiones; impulsado por odios atávicos; carente de afecto familiar, íngrimo y en absoluta soledad; mascullando sus miserias en un ático… Él ya no merece prisión por los delitos cometidos contra este país que le dio todo y se lo llevó todo… Este hombrecillo no merece el desprecio ciudadano sino la compasión, porque nos está demostrando que vive prisionero dentro de su propio cuerpo, sabiéndolo que así será de por vida, hasta que el rencor que lleva encima lo consuma…

Nuestra oración final: Dios, tú que todo lo puedes, has que este hombrecillo alienado por el poder tenga un poco de lucidez, se quede donde esté y nos deje vivir en paz, que tanto merecemos…Él es 1, nosotros somos 17 millones. ¿Es mucho pedirte, Señor?