Opinión

Alguien se atreve a desafiarlos.

Dr. Patricio Zuquilanda Duque/Quito

 

Echamos la culpa de este abominable desastre a toda la imprevisión y a la corrupción política que nos gobernó como 18 años; a aquel tirano, que con cinismo creía que en todo tenía razón y nadie le interrumpía: a muchos les quedó una vida de míseros; a otros olvidaron ser hombres y continúan lloriqueando como niños doblegados por la tragedia del pasado; no lograron superarse, y bien, hay que dejarles atrás. Miles de nuevos ciudadanos se han levantado en armas en otro Ecuador, para combatir frontalmente la escoria que intenta dominarnos.

Aquellos que nacieron en el mal, perseveran sin rubor y hacen himnos de sus fechorías, deben ser destruidos en sus gavillas. Estamos fatigados y hemos cosechado muchas calamidades como la desconfianza de las naciones y esto no puede continuar; si hay que luchar, lucharemos y asistiremos a la convocatoria de las Fuerzas del Orden, quienes demuestran día a día, que son la esencia de nuestra gente: hombres libres, no esclavos.

Ecuador entró en madurez; somos milenarios, sabemos distinguir entre una sonrisa falsa y la genuina. Si bien es cierto, tenemos una nación llena de personas crédulas por naturaleza, de gente esencialmente buena y confiable.
También es escéptica con quienes han hecho de la política su fuente de ingresos y fechorías.

Estamos muy molestos con aquellos que pronuncian discursos ofensivos a la imagen de esta Nación honorable y de progreso y, más fastidiados, con ecuatorianos que no revelan fortaleza al estar bajo fuego y se dedican a evidenciar sus inseguridades hablando contra el país; pierden el control, incluso  como comentaristas en televisión nacional e internacional.

Ecuatorianos: no voy a justificar lo que nos sucede; únicamente diré que el mundo se halla convulsionado y mucho. Las naciones luchan contra el extremo peligro de la mafia y el crimen organizado, del terrorismo; en esos lugares, como ahora en Ecuador, hay decisiones que adoptar; estrategias que seguir; errores para corregir y como tales, sabemos que los problemas que afrontamos tienen amplias raíces en el pasado y habrá consecuencias en los años por venir. Hoy debemos conceder mayor atención a la Unidad, por encima de ideologías extrañas, si queremos mantener nuestra personalidad nacional.

No puedo predecir el futuro pero, estoy seguro de que, si dejamos avanzar la lepra de la delincuencia organizada en esta incomparable Nación del Centro del Mundo, la Patria caerá en el abandono y sus hijos predilectos huirán de sus islas, de sus selvas, de sus montañas y ciudades para no regresar nunca jamás. Pero no; UNIDOS CONSTRUIREMOS NUESTRA HISTORIA AHORA.