Ciencia

Alemania se suma a la guerra contra el azúcar

Las guarderías y comedores escolares eliminan los dulces. Proliferan las pastelerías «light» y los batidos «eco» a base de té verde

ESPAÑA. Que atiborrarse de azúcar no es bueno, ya lo sabíamos. Y que las instituciones y los medios de comunicación se impliquen en nuestra corrección alimenticia tiene un pase. Pero lo que estamos viendo en Alemania es una auténtica cruzada contra el dulce. Hace ya tiempo que muchas guarderías y comedores de colegio evitan en el menú cualquier alimento que contenga explícitamente azúcar. En muchos institutos, las asociaciones de padres organizan una tarjeta prepago que permite a los alumnos adquirir solamente productos sin azúcar en la cafetería.

A menudo, los siempre insatisfechos adolescentes resuelven yéndose a la panadería de al lado y zampándose bollos cercanos al cuarto de kilo de masa con sal, «bretzel», o con azúcar, «schweineohren», completamente ajenos a las preocupaciones por su salud que tienen en jaque a las élites pensantes. Sobre todo después de que varios medios de comunicación hayan publicado recientemente investigaciones sobre la cantidad de azúcar que contienen alimentos aparentemente exentos, como el popular «döner bebab», que equivale a nada menos que ¡23 terrones!

Debate público

El asunto ha llegado a la arena política. La tertulia de gran audiencia «Hart aber fair» (Duro pero justo), de la primera cadena de televisión alemana ARD,le ha dedicado una edición y el debate no fue precisamente caramelo. Silke Schwartau, representante de los consumidores, se escandalizó ante un anuncio televisivo de zumos infantiles tomado como ejemplo por el moderador : «Refrescante, con sabor a fruta, delicioso». «¡No tienen escrúpulos!», denunció, y acusó a la industria alimenticia de estar haciendo a los niños «adictos al azúcar» a base de introducirla en los más insospechados alimentos. El ministro de Alimentación y Agricultura, Christian Schmidt, presente en el plató, se negó a seguir el ejemplo del Gobierno británico, que ha anunciado un impuesto extraordinario a las bebidas que contengan azúcar y cuya recaudación irá a parar a programas estatales para el deporte. Aconsejó a los padres leer las etiquetas y comprar «de forma responsable».

Según este discurso, comprarle una piruleta a un niño es un acto irresponsable. Y la prueba de que está calando en la población es una madre que, la semana pasada, horrorizada, le tapaba los ojos a su hijo, de unos cuatro años, para evitar que se corrompiese con la visión de otro de la misma edad que, en el tobogán de al lado, se comía un helado.

Los medios de comunicación reproducen la lista de bebidas y refrescos en el mercado ordenadas por contenido de azúcar y la página web oficial de la red de farmacias alemanas afirma que el azúcar y los lácteos «favorecen el Alzheimer». No es de extrañar que triunfen las panaderías e incluso pastelerías «libres de azúcar», especialmente en barrios de moda de la capital como Prenzlauerberg. Ni que la bebida del verano sea el glamuroso «Schlumpf-Latte», algo así como «el batido pitufo», a base de té verde japonés, vegetales como jengibre, limón, jarabe de agave y un alga que le da el característico color azul. Las bebidas con azúcar parecen rozar lo hortera. (ABC/La Nación)