Economía

Alemania deja de proteger a los consumidores: la tarifa de gas sufrirá cargos adicionales en octubre

Los consumidores alemanes de gas natural tendrán que pagar 2,419 céntimos de euro adicionales por kilovatio hora, para asumir los sobrecostes del corte de suministro del gas ruso. El rescate de Uniper precipitó una decisión que el gobierno alemán quería evitar. El Gobierno movilizó un paquete fiscal de 10.000 millones para reducir el impacto en los hogares.

El Gobierno de Olaf Scholz ha intentado evitar a toda costa una subida del precio del gas para los consumidores ante la falta de suministros ruso. Incluso, cuando activó el nivel dos de emergencia ante la crisis energética, evitó tomar esta decisión. Pero el rescate de 7.700 millones para salvar Uniper, la principal gasista del país, ya incluyó esta decisión.

Hoy, Trading Hub Europe, la encargada de gestionar el sistema gasista alemán, ha anunciado que la tarifa de gas soportará un recargo de 2,419 céntimos de euro adicionales por kilovatio hora, lo que incrementará la factura anual de media para una familia de cuatro miembros en 500 euros, según la prensa alemana.

La decisión no ha cogido a nadie por sorpresa. El paquete legal para salvar a Uniper dejaba manos libres al sector para subir las tarifas, a partir de octubre. Faltaba saber la cuantía. El ministro de Economía y Protección del Clima, el verde Robert Habeck, ya hizo una advertencia a final de julio. El rescate al sector lo iba a soportar en parte los hogares alemanes.

“No es un paso deseable, pero es necesario hacerlo”, explicó, para añadir a continuación que ello significará para un hogar con cuatro miembros, con un consumo anual de 20.000 Kwh, un coste adicional “amargo” de “varios cientos de euros”. Por entonces, el incremento que barajaba el Ministerio de Economía era de unos 1,5 y 5 céntimos por Kwh. Finalmente, supera los dos euros, mientras se acerca el invierno y se hace más costoso rellenar las reservas.

Las reservas están al 75%, todavía lejos del 90% que se ha puesto de objetivo Berlín

Las instalaciones de almacenamiento de gas de Alemania están llenas en un 75%, según datos de la Agencia Federal de Redes, conocida como BNetzA. El objetivo de Berlín es alcanzar el 90% para intentar garantizar un invierno sin cortes a empresas y familias.

El país no es el único que ha optado por intentar de contener los altos precios de la energía. En Francia, el gobierno de Macron ha tomado una decisión parecida. EDF, la eléctrica estatal, reclama ahora 8.000 millones por los costes extras, que ha asumido estos meses.

Alemania, como la mayoría de capitales europeas, ha aceptado reducir el consumo un 15% para alargar reservas de gas. Pero muchos expertos consideran que será insuficiente en el actual escenario, si hay un corte completo de suministro por parte de Rusia. Un informe de Brueguel apuntaba que Alemania se quedaría sin stock de gas si no asumía un recorte de gas del 30%. La semana pasada, el FMI apuntaba que ya el país había conseguido recortar en julio el consumo un 15%, por la propia inercia de la economía y el miedo de los consumidores.

El canciller Scholz ha recuperado un plan para conectar la red de gas de la península Ibérica con el centro de Europa, a través de Francia. La idea de Berlín es resucitar gasoducto Midcat, paralizado durante años por sus elevados costes y el bajo precio del gas en los últimos años, y presentarán el plan a Bruselas.

Actualmente, quedan por construir 226 kilómetros de tuberías desde la localidad catalana de Hostalric hasta la francesa Barbaira y España pide que la Unión Europea sufrague los gastos. La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, asegura que “en ocho meses” España podría estar conectada con Francia.

Berlín sigue adoptando medidas, como limitaciones en la calefacción de edificios públicos. Cada vez el tercer nivel de emergencia energética se acerca, según se acerca el invierno. Las medidas previstas incluyen racionamiento de gas, lo que llevará de manera inevitable al parón de la industria. Los cálculos para este escenario son catastróficos para la economía alemana.

Fuente: Revista El Economista