Opinión

AL PAN… PAN Y AL VINO… VINO.

Antonio Aguirre Medina / Guayaquil
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Mientras exista dentro de las Naciones Unidas (O.N.U.) una institución dedicada a la defensa de los Derechos Humanos —que en la práctica terminan protegiendo a la delincuencia y a la corrupción en esta parte del planeta—, nada cambiará, y con el paso del tiempo será más complicado detenerla.

Humanamente resulta fuera de lo normal que una minoría étnica, casi ignorante y con la única cultura retrógrada ancestral, pretenda apoderarse de un país con miles de dificultades y estrechez económica ocasionadas por los abusos de gobiernos cleptómanos, adictos a la protección y generación de actos absurdos contrarios a la libre movilidad. Además, se oponen a la libre comunicación, transportación y expresión de personas capaces y no contaminadas con la podredumbre politiquera y el veneno del socialismo progresista del siglo XXI, que en el mundo y en la práctica camina como el cangrejo: solo hacia atrás y con las manos en los bolsillos.