Opinión

Ajedrez electoral versus defensa de convicciones

Opinión por Javier Carrodani/ Argentina

Es típico comparar el juego de la política con el ajedrez, y lo ocurrido este año con miras a las próximas elecciones presidenciales, lo avala plenamente. La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de convocar a Alberto Fernández para armar la fórmula del Frente de Todos, y además ubicarse en el segundo término, descolocó al oficialismo en su estrategia de polarizar con la ex presidenta.

Fue una movida tendiente a moderar ante el electorado el discurso del Frente de Todos, que encabeza el kirchnerismo. La posterior incorporación del Frente Renovador de Sergio Massa reforzó esta jugada.

Del lado del gobierno, el ingreso del senador Miguel Ángel Pichetto para acompañar al presidente Mauricio Macri, en su intento de reelección por el frente Juntos por el Cambio -que en esencia es Cambiemos más algunas incorporaciones- también apunta a captar votos de sectores que hasta ahora eran más bien opositores.

Asimismo, ambas movidas socavaron el armado de una tercera fuerza, de la que quedó el acuerdo de Roberto Lavagna con Juan Manuel Urtubey, respaldado por sectores peronistas y otras fuerzas con alguna presencia nacional. Más allá de las fórmulas, a la hora de definir qué dirigentes ocupaban las listas a cargos legislativos, los referentes priorizaron casi exclusivamente la condición lealtad personal, a modo de reaseguro ante las disputas que pueden venir en el futuro, más allá de ganar o perder en los comicios.

En otros tiempos, ese reaseguro lo daba la pertenencia a un partido que impulsaba un proyecto y una serie de ideas que se plasmaban en una plataforma electoral. En ese contexto, el respaldo a los líderes y a sus medidas de gobierno prácticamente se descontaban porque esas decisiones irían a tono con lo acordado previo a la campaña.

Las experiencias de Carlos Menem en su primer gobierno («si hubiera dicho lo que pensaba hacer, nadie me votaba») y de Fernando de la Rúafue imposible aplicar la Carta a los argentinos de la Alianza por la situación fiscal que heredamos«) dieron paso a una época en la que los discursos y las convicciones resultan poco importantes.