Ciencia

Afecciones íntimas que comprometen la calidad de vida

Las dolencias vulvares, aunque muy íntimas, trascienden a esferas más amplias que comprometen la calidad de vida de quienes las padecen.

REINO UNIDO. En el entorno personal, social e incluso en el profesional. Según una encuesta realizada en Reino Unido a más de 300.000 mujeres, seis de cada 10 manifestaron que estos problemas les habían impedido mantener relaciones sexuales, y otras tareas como caminar (38%) o miccionar (50%).

La mayoría de las encuestadas, el 63%, sufría lo que se conoce como liquen escleroso y atrófico. El resto, tenía otras afecciones como cáncer de la vulva, vulvodinia, úlceras, liquen plano y cistitis. El liquen escleroso, expone José Antonio Varela, dermatólogo del Hospital de Cabueñes de Gijón, es “una enfermedad crónica de la piel de causa desconocida que puede aparecer en cualquier otra zona del cuerpo, tanto en hombres como en mujeres”. Produce picor, escozor y dolor.

Tal y como demuestra la encuesta realizada por la Asociación Británica de Dermatólogos, el 44% de las mujeres con algún tipo afección vulvar tiene dificultades de acceso al tratamiento médico. Las razones: “diagnósticos erróneos y retraso de la visita al especialista, por no saber a quién acudir y la vergüenza que les supone”.

Es cierto que tenemos pacientes que “son incluso de años de evolución. Han consultado antes a otros médicos que atribuían los síntomas a infecciones bacterianas o por hongos y tras los antibióticos no mejoraban”, apunta Silvia Cabrera, adjunta de la Unidad de Ginecología Oncológica del Hospital Vall d’Hebron (Barcelona). “El liquen escleroso no es una infección, no se maneja con antibióticos”.

Además de esto, al 89% les afecta en su salud emocional y mental, el 42% reconoce que les ha afectado en su vida social, al 79% en sus relaciones personales y al 39% en su entorno laboral. Este impacto, señalan los autores británicos, “no se debería pasar por alto”, sobre todo teniendo en cuenta que el 22% de las participantes incluso había tenido pensamientos suicidas o de autolesión. Para el 17%, estos problemas genitales habían sido los culpables de la ruptura con sus parejas. Seis de cada 10 afectadas sintieron que esta condición había dificultado e impedido mantener relaciones sexuales.

En este aspecto, “la mujer siente dolor y temor a que la imagen de la zona pueda asustarle a la pareja”, argumenta Varela. Aparecen manchas blancas que se extienden y pueden estar acompañadas de úlceras. Una de las consecuencias de esta dolencia es que, a medida que avanza, “la piel pierde elasticidad y, con las relaciones sexuales pueden producirse fisuras”. Resulta fácil que la dermis se agriete y sangre, o salgan moratones. En algunos casos, se producen cicatrices. Además, “como la zona es húmeda, tiende a irritarse”.

Una suma de circunstancias que a algunas de las perjudicadas les hace sentirse “menos mujer”, “un bicho raro”. No sólo les impide tener relaciones normalizadas, también les dificulta tareas diarias como caminar (al 38%), miccionar (al 50%), llevar pantalones (al 60%), dormir (al 36%).

Es importante, asegura uno de los investigadores británicos, Karen Gibbon, que “las mujeres sean capaces de hablar sobre este tema. Les ayudará a mitigar el estrés emocional que les supone y a someterse a un tratamiento antes”. Normalmente, señala Cabrera, “con corticoides mejoran espectacularmente”. Si no responden bien o si la biopsia (en caso de haberla hecho) no nos gusta mucho, consultamos con el dermatólogo”. Al fin y cabo, “es una enfermedad de la piel”. Aparte de las cremas con corticoides, también podemos indicar “inhibidores de pimecrolimus y tacrolimus”, agrega el dermatólogo. A veces, “si la paciente tiene ansiedad, completamos con ansiolíticos”. Por otro lado, les “ofrecemos algunas recomendaciones de cuidado e higiene personal”. Por desconocimiento, “suelen lavarse con mucha frecuencia, lo que podría ser contraproducente”.

El liquen escleroso en la zona vulvar (sobre todo alrededor del clítoris y en los labios) provoca más sintomatología que en cualquier otra zona del cuerpo, “es más molesto e invalidante”, matiza Cabrera, quien insiste en recordar la importancia de consultar este tipo de signos. Suele aparecer en la peri y pos menopausia, entre los 50 y 60 años. A partir de dicha edad, “afecta a una de cada 30 mujeres e impacta especialmente en su calidad de vida”. Quienes consultan, están controladas y tratadas, recuerda la especialista, van bien, pero “quien no lo hace tiene el riesgo de degeneración por inflamación crónica de la piel, que puede dar lugar a un carcinoma de vulva”. De ahí, que en las pacientes con liquen escleroso vulvar hagamos seguimiento cada cinco meses, aproximadamente. (Internet/La Nación)