Opinión

Además de económico el problema de Macri es ahora de liderazgo

Autor: Sergio Crivelli/Argentina.

Siete días de política. Lo que empezó como una corrida cambiaria mutó en algo más grave: una crisis de liderazgo, porque el gobierno parece incapaz de sacar la economía de la coyuntura de inflación más estancamiento,

Las encuestas coinciden en que el rechazo al gobierno por parte de un alto porcentaje del electorado debe ser atribuido al mal manejo de la economía. Los sectores que sufrieron más la devaluación, bajos y medios bajos, culpan de la situación al presidente Mauricio Macri. Pero para el jefe de Estado lo más nocivo no es que los votantes lo identifiquen con sus actuales penurias, sino que estén dominados por dos estados de ánimos letales para cualquier político en campaña: el pesimismo y el escepticismo. Creen que la situación no va a mejorar, porque creen también que Macri no está en condiciones de sacarlos adelante. No lo ven como el candidato capaz de enseñarles el camino para salir del atolladero.

En su peor momento Macri continúa sin embargo teniendo algo a su favor: la única alternativa cierta para reemplazarlo es Cristina Kirchner. Hasta sus más enconados enemigos del `establishment’ muestran su alarma frente a la posibilidad de que la ex presidenta vuelva al poder. A lo que hay que añadir que todas las jugadas para buscar un tercer candidato fueron derrotadas por una realidad tan dura como la del dólar: el peronismo no pudo renovarse.

No hacen falta encuestas, en cambio, para verificar el debilitamiento del liderazgo presidencial. Se lo ve afanoso por aparecer junto a María Eugenia Vidal, que padece en una medida mucho menor el desgaste que afecta a toda la clase política. Tiene además que tolerar las operaciones del radicalismo en los medios para aprovechar su debilidad y conseguir más cargos. Operaciones que incluyen personajes de menor cuantía como Lousteau y Enrique Nosiglia.

La recuperación de la economía será en el mejor de los casos muy lenta y, en el peor, imperceptible para los sectores que se han visto en la necesidad de reducir o modificar sus consumos. A esta altura ya parece un hecho que la campaña oficialista tendrá que buscar una agenda que no sea la económica. Y ese en ese punto en el que se percibe el debilitamiento del liderazgo.

Desde su llegada al poder el presidente ejerció o pretendió hacerlo un liderazgo «sui generis», opuesto al de los caudillos tradicionales. Una conducción `soft’ basada en el consenso y la persuasión. En la campaña de 2017 con la inflación en baja y el PBI en alza la proyección de esa imagen era inocua. Hoy, con los mercados sin control, las corporaciones en pie de guerra y la oposición al acecho, la situación cambió de manera diametral. Intentó golpear la mesa y confrontar con los peronistas en el Congreso el 1º de marzo. Mandó decir por los medios que estaba `enojado’, pero claramente eso no le alcanzó. El liderazgo tiene que ser creíble y con una propuesta convincente, algo de lo que hoy carece. Debe encontrar el rumbo antes de pedir que lo sigan.

Mientras el presidente se debate contra las malas noticias de la economía y los reclamos de sus aliados, el peronismo es el único que le da con regularidad algún motivo de tranquilidad. El llamado `alternativo’ demostró sus incongruencias a poco de haber promocionado la figura de Roberto Lavagna como candidato a terminar con «la grieta». El ex ministro se peleó con Sergio Massa, alegando que sus proyectos políticos son distintos.

¿En qué difieren? Lavagna quiere ser candidato de un frente electoral radical-socialista-peronista. Una ficción política capaz de proporcionarle una autonomía ilusoria. Massa está en la búsqueda, en cambio, de un acuerdo con Cristina Kirchner, porque su objetivo prioritario consiste en preservar su espacio de poder en la provincia de Buenos Aires, algo imposible si la ex presidenta le pone un candidato camporista en Tigre.

Massa no tiene ninguna chance en las presidenciales y Roberto Lavagna pide lo imposible. ¿Qué queda del peronismo «federal»? Miguel Pichetto y Juan Manuel Urtubey que son indistinguibles de Macri en más de un aspecto.

Los diversos peronismos, incluido el kirchnerista, pueden unirse circunstancialmente contra Macri como lo hicieron el miércoles en la Cámara de Diputados, pero la lucha por el poder los encuestra desunidos necesariamente. ¿Por qué? Porque tiene desde 2015 el mismo problema que está comenzando a sufrir el oficialismo: falta de liderazgo. Esa es la única circunstancia que todavía mantiene a flote a Mauricio Macri