Opinión

Ad Inspectionem Internum.

 

Por: María Sol Camacho B.

solcamacho@uees.edu.ec

Desde Guimaraes-Portugal para La Nación de Guayaquil-Ecuador .

 

Los cristianos vivimos la fiesta de la Pascua, recordando los últimos momentos de Cristo en la tierra, haciendo respetar los mandamientos de la iglesia como el de no comer carne ciertos días en la cuaresma, hacer penitencia, oración, reflexión, etc.

Ya sea por convicción propia o por respetar tradiciones familiares. Junto con la resurrección, la alegría de que Jesús venció el pecado y la esperanza de una vida nueva. Nuestra piedra angular de la fe.

Lo cierto es que a todos, creyentes o no; nos toca llevar una cruz en nuestros hombros, a veces el peso nos aplasta, otras parecería que es más liviano, incluso se podría percibir que “le cogimos el golpe”. La gran diferencia es nuestra actitud ante las épocas difíciles, en aquellos días imposibles.

En ocasiones se reniega hasta el cansancio, llevándonos hacer una comparación innecesaria con el resto, catalogándonos como “mejores”, sin poder ver que estamos aumentando el espesor de la neblina, encerrándonos más en nuestra dificultad.

También sucede que posterior de haber superado dicho impedimento, puede venir un tipo de amnesia que nos despoja de nuestra humildad, de lo que se padeció, elevando la soberbia, envolviéndonos en un aire falso de victoria.

Lo que me lleva a realizar la siguiente interrogante: ¿Quién de nosotros se considera único e indiscutible ganador?

Respondiendo a la pregunta mencionaré que me denomino en continuo aprendizaje. Al hacer <ad inspectionem internum> puedo manifestar con total franqueza que no puedo agradecer más a todas las contrariedades que tocaron mi puerta, desafiándome sobretodo enseñándome que todos somos de barro. No me quita el sueño sentirme ganadora, ni siquiera tengo claro a quién o qué estoy ganando.

Tengo la certeza que la vida no es una competencia, ni una equiparación constante con la persona de al frente, ya que la envidia es silenciosa. Se encuentran personas que son una fuente constante de egoísmo y malas energías, cuando era niña algo percibía, por algo dicen que los niños poseen pensamiento intuitivo, el mismo que no es voluntario, se crea a partir de una sucesión instantánea de experiencias ante una realidad.

Entre lo que mis treinta y tantos me han enseñado está que, el amor se gana, no es un contrato obligatorio. Reírse de uno mismo es liberador, no olvidar las vacas flacas que nos enseñaron, si los humanos somos sociales por naturaleza es necesario ser emisor y receptor, en buen romance, hay que hablar pero también saber escuchar. Trata como te gustaría ser tratado y jamás subestimar a la memoria.

Me despido con la esperanza que todos encontremos un Cireneo y nos acompañe en nuestras travesías. Como no solo hay que recibir, invito a que todos arrimemos el hombro más de una vez con nuestros hermanos. Las penas compartidas, lastiman menos. Con la misma insistencia, no caigamos en la equivocación de convertirnos en Caifás, elaborando mentiras, juzgando con desprecio y observando por debajo del hombro al prójimo. Quien siembra vientos cosecha tempestades.

<No hay paz para los malvados> Isaías 48:22.