Opinión

ABUSO COTIDIANO

Patricio Zuquilanda
El Foro de Sao Paulo y su órgano ejecutor el Grupo de Puebla, se hallan de moda; a éstos, se culpa de mentalizar el caos y los daños mayores que afectan varios países en América Latina. Quizá, admitirlo sería concederles mérito exagerado; sin embargo, hay muchas razones para pensar que aprovecharon a su favor, cuestiones injustas que gravitan en el continente, inclusive antes de que dicho Foro fuese creado por Lula en 1990.
Es muy difícil para los Gobiernos admitir que hay causas comunes en la región: son cifras que asustan, por la  información sorprendente en su parecido: para muestra, la desilusión generalizada por la enorme cantidad de dinero que los ricos más poderosos deben al Estado y no pagan, porque no les da la gana y, sobre todo, por vivir solapados de los órganos de control.
Vamos descubriendo que la confluencia de quejas y frustraciones de millones de latinoamericanos, incluye, rechazo y asombro frente a privatizaciones innecesarias, reformas laborales dañinas, negociados multimillonarios, cargas tributarias injustas a los estratos medio y bajo; alarma frente a la corrupción e impunidad a favor de los delincuentes; sistemas pensionales quebrados, inseguridad, atención de salud ineficiente y educación masificada y de baja calidad etc. etc.
Incluyamos, la manera elástica de llevar la democracia. Los gobiernos sufren de márgenes de maniobra política muy limitados, cada vez, más distantes del apoyo de los ciudadanos: grupos sociales desilusionados; con aspiraciones y desesperanzas comunes que ven pasar encima de sus cabezas la bonanza, sin que ellos lo disfruten.
Agreguemos algo sobre la -burocracia monárquica-, integrada por miles de funcionarios aferrados a las administraciones; especializados en dificultar los espacios para el diálogo interno y externo;  perfeccionados en la tarea de entorpecer todo y muy duchos en apagar el fuego con gasolina.
Éste, es el escenario en el cual los Gobiernos hacen frente a una oposición implacable y con permanente gana de confrontar; a la par, que una clase empresarial  cargada de impuestos y trabas; sometida durante largos años, a la constante descalificación y a un ataque ideológico extremista que hizo que perdiera su responsabilidad corporativa en la parte social, no solo para mantener el vínculo entre las industrias y las comunidades; sino, mediante la solidaridad y desarrollo de sectores vulnerables por medio de fundaciones y programas que, en los países desarrollados, son impulsados por leyes de exención tributaria y reconocimientos positivos por parte del sistema.
Observó una insana actitud política de negarse a enfrentar la realidad; estamos en riesgo de no reconocer que hay una escisión social y una abierta tendencia de ir por el camino fácil del ataque artero y la ofensa brutal, cuando está a la vista que, en América latina y en otras partes del mundo, hay una inclinación insostenible por experimentar sistemas distintos al modelo de administración desgastado de izquierda o derecha.