Opinión

Abracemos más

María Sol Camacho B./ Guayaquil

solcamacho@uees.edu.ec

Por esta vez, me voy a referir a un acto tan simple, pero a su vez de suma importancia “el abrazo”. Científicamente, se ha comprobado que cuando nos abrazamos nuestro cerebro libera oxitocina, serotonina, y reduce los niveles de estrés.

Como a veces la memoria puede ser frágil, recordemos el año 2020, la peor época de la pandemia, ya que cruelmente el COVID nos prohibió el anhelado contacto físico, en meses que fueron pesadillas; y en definitiva la falta de aquel contacto físico, nos afectó de muchísimas maneras.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomendó enfáticamente abrazar y brindarle mimos a los recién nacidos, ya que sentirse queridos es imprescindible para las conexiones neuronales. Por otra parte, tiene múltiples beneficios para los niños, refuerzan su autoestima, reducen sus temores, aporta seguridad, fortalece el vínculo entre otros.

De manera contradictoria existe el Síndrome de Carencia Afectiva, donde la ausencia de estimulación afectiva durante la infancia puede provocar trastornos que se pueden expresar en afectivos, somáticos o conductuales, se podría extender en su adolescencia hasta en su vida adulta.

No es menos cierto, que anteriormente los conceptos eran diferentes, a los hijos se les tenía que impartir autoridad, no se hablaba mucho del afecto y con más razón si se trataba de un niño, ya que entre hombres no se abrazan, o incluso peor: los hombres no lloran. Pero insisto, eran otras épocas, y muchos estudios actuales, en aquel entonces se desconocían.

Es momento de culminar con aquellas tradiciones erróneas, y aunque puede ser que más de uno, no recibió tantos abrazos en su infancia, hágalo ahora, brinde todos los abrazos que su corazón desee y necesite. Ya que absolutamente todos hemos tenido días donde necesitamos un largo abrazo.