Opinión

A ti mujer, mi Homenaje

Por: Tony Cedeño/ Portoviejo

Escritor / Poeta/ Motivador

tonyabcd1972@gmail.com

 

 Un pilar imprescindible es la mujer para la sociedad ya que por medio de ella la vida se reproduce como una vitalicia bendición que nos llega con su perfume amaderado.

Se constituye no solamente en áreas del hogar si no en áreas administrativas, delegada como alta funcionaria de embajadas, cónsul honorable, jefe de estado, nobel de la monarquía, representante elegida por voto popular, esfinge desde donde se contempla la más amplia gama de estrellas, estirpe con que el amor así mismo se renueva, luz de la esperanza, estancia sustentable por medio de su gracia donde el crisol del astro rey destella su fabuloso calor nutricional para nuestra subsistencia.

Conductora de los más grandes anhelos, sutilidad con que una joya prevalece al ceñirse invicta y jubilosa en su piel de armiño, as de todos los colores, primigenia oración donde Dios se mira así mismo humano.

¡Qué otra alusión o verso o música sabrá de su fastuosidad si ella es todo arte y primor y ensueño!

Un susurro lleno de beatitud dentro de un clamor universal que por su intercesión la elige desde siempre pura.

El creador la viste con tisú y con sayal, con innumerables muestras de complacencia, y es que su pubertad en sus años no pasa porque su inminente belleza se compone del mayor prodigio a nosotros proveído.

¡Fabulosa ópera con que el amor sigue cada día construyendo su infinito desde el ímpetu hasta la eternidad, desde el alma hasta el beso, desde el alba hasta el sueño!

Por algo su valor es incomparable y su necesidad de darse no posee caducidad y por la buenaventura del hombre quién mejor que ella para difundir los albores con que la noche se goza en su faz de princesa inmaculada cuando los astros de sus ojos dominan el alma por medio de un beso.

Pasión en todo su dominio y dada a su apacible ternura destierra toda nostalgia bañando de amor lo que mira y lo que toca.

Innumerable en su labor albiceleste como la arena en un puñado de sueños, samaritana presta al auxilio, dulce tenor con que el niño que reposa en su seno se refleja indeleble y puro como lo son las caricias que ella con sublimidad le infunde.

Cosmología con que el universo se renueva; esperanza inextinguible posee quien se deja llevar por su hermosura y atónito por su presencia cae como las hojas de los árboles en otoño ante sus pies unánimes.

Las ideas que de ella fluyen son fruto de su ínclita personalidad que da fe de una fuerza sutil que es innegable no admitir su rol y la necesidad fundamental de la sociedad para con ella en sus componentes humanos que representados en el hombre y este a través de sus hijos son irrenunciables por su valía misma que por su medio la existencia es beneficiada cuando cada día viene al mundo un retoño fruto de sus entrañas.

Castidad a flor de piel, pureza inédita como la música que lleva en sus partituras los sueños lo mismo que la lluvia se acompasa en sus manos labradoras así es ella un instante donde todo se detiene velamen al cual se le atribuye lo inmaculado.

Gala con que su naturalidad abarca el orbe inefable, sendero del triunfo, gozo donde el erudito encuentra lo verdadero desde la humildad hasta la gracia, desde lo sempiterno hasta lo humano.

Sus pupilas son de una profundidad abismal como una noche serena que infunde una paz ilimitada.

Flor de paraíso, anhelo del mañana, ¡quién como tú en tu aposento con que un ángel es representado ante el mundo y yo mínimo ante el emblema de tu gracia te honro y te bendigo!

Esta oradora, esta llama, esta altiva, esta gloria, esta luz que irrumpe la añoranza, los caminos que conducen a su perfume, los criterios donde todo hombre reconoce en ella su sabiduría antes de dar su dictamen, plenitud donde el abrazo en la congoja adquiere una ilimitada ternura, pasión con que un bolero se desprende de la partitura nupcial con que la luna celosa minimiza su luz porque ella traspasó con su encanto el abril de todos los luceros.

Docta instruida en las artes y en la ciencia con que la sabiduría se muestra por medio de sus acciones de manera tal que se luce en ella la justicia, la gracia y la empatía lo que un ser rebosante de luz comprende con analítica de pensamiento los múltiples problemas sociales.

Con garbo señala su norte con una acérrima voluntad de superarse y ni un ápice de desgano detiene el ímpetu con que su inteligencia permanece intacta preparada desde siempre para trabajar incansablemente.

No se mortifica porque no tiene tiempo para ello y prudente va tejiendo nuevos surcos abriendo puertas y ventanas pues necesita desarrollarse como un ser independiente para traspasar sin medida esa plenitud que se goza en ella desde su nacimiento.

Se reinventa y hace las paces con su pasado y entre su figura emblemática el brillo de sus ojos son dos satélites que permiten apreciar lo más esplendoroso que habita en este planeta.

No olvidó sus errores pues estos han sido el conducto donde desarrolló su escuela de vida, de ellos cultivó la mansedumbre y puso en práctica la bondad y el perdón, sin guardar rencor, olvidando toda herida y toda lágrima.

Jamás se vistió de orgullo pues esa túnica apaga la flor de su ternura: es enunciante de la parsimonia, gusta de la frugalidad y la expone, respira hondo y se enaltece en ella una sapiencia indefinible.

Quisiera encontrar en los tintes que te adornan todos los elementos ceñidos en tu pulcritud simiente siempre grata, augusta más que todas las rosas.

El vino, las flores, las palabras, las edades, el cosmos, los sueños, los triunfos, las derrotas, las caricias, que son sino partes esenciales de tu corazón humano que admiro.

Jamás ni todas las bibliotecas del mundo podrán superar tu indeleble majestuosidad de reina humilde y pasiva y mientras tu ser me bendice con esa línea que solo comprende el silencio los astros te hacen reverencia y el paraíso como un horizonte único y hermoso se me ha reflejado, así como Dios permitió ver a sus elegidos la tierra prometida.