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A pesar de los patrullajes, el contrabando sigue

Los contrabandistas prefieren a los caballos criollos porque son dóciles, fuertes y caminan con facilidad cruzando senderos, ríos y terrenos escarpados.

GUAYAQUIL. A pesar que las autoridades civiles, policiales y militares de la provincia del Carchi, desde hace años, han reforzado los controles en la frontera con Colombia para reducir el contrabando, esto no ha sido suficiente para evitarlo.

Entre los puntos denominados “sitios críticos” del lado ecuatoriano están: las Cuatro Esquinas, Tufiño, Río Carchi, Urbina, Las Antenas y El Brinco; La Pintada, Ipiales, en Colombia, entre otras.

Una serie de reportajes realizado por Ecuavisa, dejó en evidencia, que, a pesar de los múltiples controles los contrabandistas continúan operando con normalidad y cada día encuentran nuevas alternativas para el ingreso y salida de mercancía.

Uno de los principales factores es la devaluación del peso colombiano. A día de hoy, para ‘comprar’ un dólar se necesitan algo más de 2,449 pesos, mientras que el año pasado tan sólo hacía falta 1,86 pesos para adquirir $1. Y es que el petróleo representa más de la mitad de las exportaciones del país suramericano.

Esto provoca que el ingreso ilegal del producto perjudique especialmente a los pequeños productores, quienes se ven obligados a dejar el campo y entrar “en este negocio”, porque para muchos ecuatorianos resulta conveniente comprar en Ipiales.

En el Puente Internacional de Rumichaca, paso fronterizo entre Ecuador y Colombia, los almacenes de Ipiales libran una verdadera guerra publicitaria para captar la atención de los ecuatorianos que, cada vez en mayor número, se dirigen al país vecino a comprar. Aquí, se puede adquirir una blusa desde $2. Una camiseta de hombre en unos $6. Los jeans para niñas desde $3.

Con calculadora en mano, Sandra Buenaño transforma de peso a dólares el precio que muestran los productos de su interés. Ella viajó desde Quito para hacer sus comparan en la ciudad vecina por que los productos colombianos están más baratos, según ella.

En uno de locales de los más grandes de la ciudad vecina. Expende víveres, ropa y aparatos electrónicos, pero los televisores son los que se llevan toda la atención.

En declaraciones para Ecuavisa, el presidente de la Cámara de Comercio de Ipiales, Harold Guerrero, cree que la depreciación del peso colombiano aumentó el contrabando en la frontera norte.

Pero él también resalta que otra de las razones para que aumente el contrabando fue que a inicios de este año el Gobierno de Ecuador impuso aranceles de hasta el 21% a los productos importados del vecino país. Esta decisión provocó que la mercadería colombiana que se vende en Ecuador sea más cara.

Esta declaración es corroborada por el presidente de la Cámara de Comercio de Tulcán, Nelson Cano, quien cree además que si el Gobierno continúa implementando medidas como estas, el contrabando seguirá en aumento.

La percepción del titular de la Cámara de Comercio de Tulcán es que el contrabando de productos desde Colombia aumentó hasta en un 70% en enero de este año, en comparación a enero del 2014.

Por esta razón, la Secretaría Nacional de Aduanas (Senae) aumentó los operativos de control para ubicar a los vehículos que llegan de Colombia con mercadería ilegal, en especial en el sector de La Pintada, un pequeño poblado de casas de adobe y una iglesia al borde del camino, en el lado ecuatoriano.

Este es uno de los 48 pasos informales que ha detectado el Senae por donde ingresa mercadería probablemente para evadir el pago de impuestos. La Pintada es uno de los puntos más conflictivos, reconocen los agentes.

Otro de los lugares donde el contrabando es difícil de controlar es El Brinco, ubicada a pocos metros de la ciudad de Tulcán. En este lugar, el río Carchi, divide el territorio colombiano del ecuatoriano. Aquí, lo que más llama la atención es el uso de mulas, caballos y burros para transportar mercadería, los cuales no necesitan de jinete.

Los equinos entrenados como están, son capaces de superar cualquier obstáculo o, de ser necesario, cambiar de rumbo al oír un chiflido. En el peor de los casos se pierde el animal y la mercadería, pero el dueño queda libre para intentar hacerlo nuevamente. En el lado ecuatoriano, un campesino de Tulcán recibe la mercadería.

Mientras que en la parroquia Urbina, los dueños de dos fincas cuyos propietarios cobran peaje para que los camiones pasen desde Colombia con frutas y hortalizas, según informó Byron Paredes, director de la Zona 1 de la Unidad de Vigilancia Aduanera. (DO/La Nación)