Opinión

El golpe de Estado militar

Las elucubraciones sobre el presunto golpe de Estado militar que el derechista, Jair Bolsonaro, intentó llevar a cabo para evitar la vuelta de la izquierda al poder, se agolpan cada día con nuevas revelaciones.

Quien más pistas ha dado ha sido el teniente coronel, Mauro Cid, la persona más cercana a Bolsonaro. Era su sombra y quien más conocía la vida y milagros del expresidente.

En sus confesiones de más de 12 horas a la Policía, el militar, para conseguir una prisión domiciliar, reveló que Bolsonaro, tras la derrota en las urnas, convocó a los tres comandantes militares para preparar un golpe de Estado.

De los tres altos mandos, solo el de Marina habría apoyado la operación, algo confirmado hoy por el resto de las Fuerzas Armadas. Ello ha llevado a una serie de comentarios favorables al Ejército como un todo que habría frenado el ímpetu golpista de Bolsonaro.

Quienes conocen más de cerca a los militares no están del todo seguros de que el fracaso del golpe se debiera al sentido de responsabilidad de las Fuerzas Armadas.

Quien ha echado luz sobre el intrincado y complejo fracasado golpe de Estado preparado por Bolsonaro ha sido hoy el periodista Ricardo Noblat en su blog de Metrópoles. El veterano periodista revela la noticia de que, en realidad, quien salvó a Brasil de entrar en el túnel de una nueva dictadura militar fue el Gobierno de Estados Unidos.

El periodista cita textualmente al comandante de la aeronáutica, Almir Garnier, que había escrito para su tropa usando el léxico marítimo: “No siempre conseguimos hacer lo que queremos, navegar en dirección al puerto seguro en línea recta… Y tenemos que hacerlo de acuerdo con lo que aprendimos para contornar huracanes”. Y como para consolar a su tropa golpista les añade: “Sepan, sin embargo, que allí llegaremos. Puede que haya que esperar un poco, pero llegaremos. Lo que importa es que estemos unidos”.

El periodista de Metrópoles revela que Bolsonaro pidió ayuda al presidente Biden para reelegirse. Emisarios del mandatario estadounidense visitaron Brasil para decirles a los comandantes militares que no habría apoyo al golpe. Al mismo tiempo, embajadores de varios países europeos advirtieron que Brasil se quedaría aislado internacionalmente en caso de una ruptura golpista.

Las revelaciones echan por tierra la tesis que se intentaba establecer de que habían sido los militares quienes habían frenado los ímpetus golpistas del capitán retirado. En verdad, cada día va quedando más claro que de haber sido por los altos mandos militares sin las presiones internacionales, el golpe habría estado a dos pasos de realizarse.

Lo que va quedando cada vez más evidente es que los militares estuvieron más cerca de apoyar el golpe preparado por Bolsonaro de lo que parecía.

En realidad, fue con Bolsonaro cuando, desde el final de la dictadura a hoy, los militares estuvieron más cerca de volver a gobernar el país. Y lo estaban haciendo bajo una capa de legalidad ya que había sido Bolsonaro quien les había injertado en el Estado colocando a más de 6.000 de ellos en el Gobierno.

Como comenta Boechat, reconocer la verdad no es ser injustos con los militares que “no son unos pobrecitos que contra su voluntad acabaron arrastrados por Bolsonaro. Ellos adhirieron a la tentativa de golpe de libre y espontánea voluntad”.

El periodista de Metrópoles subraya con ironía: “Los militares apoyaron el golpe militar. Con él volvieron al poder a través del voto y del poder no pretendían salir. El Papa es argentino, pero Dios aún tiene una debilidad por Brasil”.

El mar de revelaciones que van surgiendo cada día están echando por tierra la narrativa de que fueron los militares quienes habrían frenado los ímpetus golpistas de Bolsonaro. Al revés, a ellos les habría convenido mantenerse en el poder y si fuera posible a través del voto, mejor aún.

Ahora que el golpe ha fracasado y que los altos mandos militares podrían acabar en la cárcel, empieza a haber un movimiento por parte del comandante del Ejército que no adhirió al golpe, de acercamiento al Gobierno progresista de Lula que en sus dos mandatos anteriores siempre consiguió una relación equilibrada con las Fuerzas Armadas.

Las revelaciones obligarán a una mayor alerta para que el rescoldo que ha podido quedar latente de intentos golpistas no vuelvan a incendiar la ya frágil democracia brasileña.

Si es cierto, como recuerda Boechat, el dicho de que Dios es brasileño, también lo es que existe el Dios de la libertad y el Dios de los truenos. Y en tiempos de sustos ecológicos, mejor estar alerta para que nuevos vientos de tormentas militares no vuelvan a enterrar una democracia como la brasileña conquistada con tantos sudores y sobresaltos.

EL PAÍS América